Dos niñas de 9 y 6 años llevan dos días desahogando una pericial en psicología en mi oficina. Una, víctima de violación, la otra, de abuso sexual. Las dos son un encanto.
Como tuitee el sábado, después de tanto tiempo y tantos madrazos, ya debería estar acostumbrada pero no: se me sigue rompiendo el corazón. Esa asombrosa y sorprendente capacidad del ser humano para hacer estas cosas espantosas y romperte el corazón.
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