miércoles, 29 de septiembre de 2010

ya es miércoles

Y si pidieron que los despertaran cuando terminara septiembre, temo decirles que ya se les acabó el veinte.

Anoche vi Taking Woodstock. Emile Hirsch es como guapo/feo. Me gustó a secas. Hablo de la película, no de Emile Hirsch. Neta que qué bueno que no me tocaron los sesentas y los hippies y todo eso porque seguro me habría quedado atorada en un viaje pensando que escucho una rola de Grateful Dead interminable -interminable en serio- diciendo cosas del tipo "somos una sola alma de colores que pertenece al universo pero esta fuera del universo y la música te liberará hasta el infinito, soul sister". O estaría tirada en una esquina de Market o de Telegraph Avenue y sería la señora loca de los perros. Bueno, eso tal vez no estaría tan pinche, además todavía estoy en posibilidad de convertirme en la señora loca de los perros.

Soul sister.

Hoy, después de meses, parece que la lluvia non-stop nos abandonó. Cielos tan azules como el de esta tarde me ponen de buenas. Logran que se me borre un poco el cerebro.

Señal adecuada de que el esperadísimo mes de rocktubre ya comenzó.

Note to self: o retomo el alcohol y recupero mi condición de teporocha pro o lo dejo porque no puedo permitir que rocktubre se me pase como blackout.

Viva rocktubre.
Vivan los conciertos.
Viva Arcade Fire.

lunes, 27 de septiembre de 2010

breves de fin de semana

Seguramente fui la burla de los hipsters y radicales porque el viernes fui a ver a Bon Jovi. Y me divertí. Decidí que era buena idea tomarme todo lo que me encontré a mi paso. Todo. Ni fue tanto. Cuando tocaron Always casi me pongo a llorar. Tenía varios meses sin empedarme. También tenía ganas de borrarme el cerebro. No pude.

Seguí cosechando las críticas de los hipsters y radicales: fui a ver Eat Pray Love. Y me encantó. No fuí a verla en el gabacho porque pensaba que era una gran cursilería (además, como el cine cuesta 10 dolares no podía meterme a todas las películas). Supongo que soy una gran cursi porque no sólo me gustó, también me identifiqué. No tienen idea de las ganas que me dieron de hacer algo parecido.

Los Pumas están para llorar.

Me enfermé. Tengo un gripón. Lo que me sorprende es que ya llevaba todo el año sin gripa. Me siento mal.

Lo que más trabajo me cuesta es aceptar que esto me está matando de coraje. Ni modo. Qué se le hace.

jueves, 23 de septiembre de 2010

I (heart) San Francisco 2

Hace un mes de mis increíbles vacaciones por parte de California.

No están para saberlo pero para mi los silencios, por más absurdo que parezca, son como barbarie.

No se nada de él y lo extraño.

Ni modo.

California Waiting.

Independientemente de eso y aprovechando que no tengo NADA que hacer en la oficina, quería compartir fotos de algunas de las cosas -y lugares- por las que amo San Francisco (faltan muchísimas, pero algo es algo):



El Boogaloo's. Y sus mimosas.



Harvey Milk. El respeto a la diversidad.



El jardín de los zapatos en Alamo Square



La panadería "La Mejor" en Mission District (lástima que no salió la foto de la taquería "Gordo" en Haight)



Los botes en Fisherman's Wharf






Los zapatos abandonados en todas partes. Los nombres de las calles grabados en la acera.





El Clam Chowder y los cangrejos. Este mercado.


El Golden Gate (aunque aquí se vea lejísimos)



Los puestos de pimientos del Farmer's Market que se pone en el Ferry Building los sábados.



La vista de Union Square desde el Westin St. Francis



Los improvisados tocando en las puertas de Haight Street.



La esquina de Haight y Ashbury (y los helados de Ben & Jerry's)


El techo verde (y el edificio) del California Academy of Sciences, diseñado por Renzo Piano


El cielo de cabeza desde Grant St.



Los árboles del Japanese Tea Garden en el Golden Gate Park

miércoles, 22 de septiembre de 2010

100 años

La Universidad Nacional Autónoma de México cumple hoy 100 años.

Esta -para los que no la conozcan- es una foto de su Biblioteca Central, con uno de mis murales favoritos.



Yo, en lo personal, le debo a la UNAM todo lo que soy. Y lo que no soy, también.

martes, 21 de septiembre de 2010

terremoto

El 19 de septiembre, a las 7:19 horas, un terremoto de 8.1 grados Richter azotó la ciudad de México.

El domingo se cumplieron 25 años de eso.

Hace un rato, alguien posteó en Twitter este blog. Es un testimonial de un doctor que, en ese entonces, tenía 20 años y, además de estudiar medicina, era también paramédico. Mientras lo leía, empecé a llorar.

En 1985 yo tenía 6 años. Estudiaba primero de primaría, en el Asunción, que está ubicado en Las Aguilas, al sur de la ciudad. Vivía donde vivo ahorita, en plena colonia Condesa. Mi papá, como buen chileno, era un paranoico con los temblores y nos tenía a mi mámá y a mi super entrenadas al respecto. En cuanto había un mínimo indicio de movimiento telúrico, ya estábamos con pantuflas, llaves, linterna y pijama en el camellón de enfrente. La gorda todavía no tenía ni 3 años, así que habia que bajarla cargando.

Recuerdo perfectamente el momento en el que todo comenzó. Ya estaba uniformada, desayunando en la cocina un huevo estrellado. En ese entonces no me gustaban los huevos estrellados y durante varios años lo consideré un alimento de mala suerte "porque desayuné eso el día que tembló". No puedo afirmar que tuve conciencia de lo fuerte que se movió el piso, porque no había ni empezado cuando mi papá ya estaba en la puerta con la gorda envuelta en un cobertor, dando indicaciones, y mientras corres no sientes casi el movimiento.

La peor parte vino cuando ya estábamos en el camellón y los edificios no se dejaban de mover. Mis abuelos vivían en el mismo edificio que yo, en el cuarto piso, mi abuela era ciega por glaucoma y por supuesto ni intentaron bajar. Mi mamá no paraba de llorar y el temblor parecía interminable. "Eduardo, se van a morir", los dos pinches minutos más largos de la historia para muchos mexicanos. La siguiente memoria son varias de las chavas que ayudaban en los otros departamentos saliendo del edificio en toalla, todas empapadas e histéricas. Después, la calma absoluta.

Los recuerdos siguientes son muy confusos: la familia en crisis nerviosa por sacar a mis abuelos del edificio, la casa llena de escombros, todos mis juguetes tirados, los closets volteados, mi mamá sin querer entrar al departamento, vivir como nómada por dos meses, bañándome en un lugar y durmiendo en otro, los chilenos que vivían en el sexto piso acampando en la sala de mi casa en un estado de terror constante. Las réplicas no ayudaron en nada.

De la ciudad destruida me acuerdo poco, mis papás de una u otra forma se esforzaron por aligerarnos las consecuencias de ser damnificado del terremoto. Mi mamá trabajaba en Nafinsa, en el centro y la mitad de su edificio, en Venustiano Carranza, se derrumbó. Pero algo que me dejó marcada de por vida fueron las visitas a la Delegación Cuauhtémoc, varias semanas después: paredes retacadas de fotos con personas desaparecidas, los otros damnificados viviendo en la explanada, el olor de la plaza de Tlaltelolco.

No puedo evitar pensar en que me hubiera gustado tener más edad para hacer más por mi país, para poderme llenar de polvo y tratar de sacar gente de los escombros, o por lo menos para haber tenido mayor conciencia de la magnitud de la catástrofe y poderla contar a los que no la vivieron. Ahora que estuve en Haití, me la pasé pensando en todos los que murieron aplastados en México, en todos los que ayudaron y en lo mal que reaccíonó el gobierno mexicano.

Admiro a todos los que salieron a la calle a levantar piedras. A todos los que regalaron comida. A todos los que se pusieron a curar enfermos, como el autor del blog citado. A todos los que nacieron ese día. A todos los que se quedaron atrapados en los escombros, por ejemplo, a mi ortopedista -quien se ha hecho millonario gracias a mis múltiples caídas y accidentes- que estuvo tres días bajo los escombros en el Centro Médico. Decidió contarme su historia mientras me quitaba los puntos de la pierna, según él para quitarme el nervio. Salió peor porque todos los presentes lloramos al escucharla. Cuántas historias de esas habrá por ahí.

Está cabrón que los mexicanos sólo nos unamos ante la tragedia y la catástrofe.

Jimena Lara, una amiga, dice que para nuestra generación -la suya y la mía- el verdadero día que "no se olvida" es el 19 de septiembre, no el 2 de octubre. No puedo estar más de acuerdo.

domingo, 19 de septiembre de 2010

puente

Se nos terminaron las minivacaciones bicentenarias.

Durante toda la semana comí como si nunca hubiera comido. Mañana tengo que retomar mi estricta dieta. Mi vacación se frustró cuando llegamos a Cuernavaca, encontramos la casa inundada y no dejaba de llover. A la hora nos regresamos a México.

No paré de comer, de dormir y de ver películas. Mala señal.

Estoy viendo Cadillac Records en la tele, aunque esté doblada. Justo ayer leía una entrevista de Chuck Berry, en la que contaba que Leonard Chess le puso como condición para grabar un disco que se consiguiera una canción original "porque él no escuchaba demos de covers" y que, como nadie le daría una canción original a un total desconocido, musicalizó un poema de Tennyson.

Quien iba a decir que de ahí saldría el rock and roll. Oh Maybelline, why can't you be true?

El peinado impecable de Muddy Waters, la armónica de Little Walter y un chingo de cadillacs. Casi todo se arregla a balazos. El blues como respuesta a la cachondería y el abandono.

Haichiko: dramón protagonizado por perro y Richard Gere. Lento, lento.

Letters to Juliet: chick flick dominguera en toda la extensión del concepto "chick flick". Algunas buenas líneas cursis en el guión, como la de "what and if are two words without any trace of threat but when you put one of them followed by the other they can be deadly... What if?" Pfffff.

What if ________?

Esas historias de amores tórridos con mala sincronización e imposibilidades geográficas que terminan increíblemente bien. Si-co-mo-no.

Remember Me: con tal de ver dos horas a Robert Pattinson veo lo que sea.

The Time Traveler: rara, rara, rara. Eric Bana muy guapo. Demasiado atentado hacia la teoría tiempo-espacio para ser un chick flick.

Going the Distance: justo lo que no quería ver en este momento. Que chinguen a su madre todas las relaciones de larga distancia que funcionan. Y las que no también.

Me quedé pensando. Aquí sigo, disque cool como Jack Bauer. It's driving me mad.

Quien fuera Etta James para poder gritar "give me a bottle of gin" mientras estrello copas en el piso y hago desfiguros.

viernes, 17 de septiembre de 2010

bicentenario

México cumplió 200 años de existencia como país independiente hoy.

El tan anunciado festejo comenzó desde ayer en la tarde.

Un multimillonario show en el centro de la ciudad de México: miles de fuegos artificiales, la iluminación increíble que armaron el año pasado sobre el Palacio Nacional ahora en la fachada de la Catedral, acróbatas, conciertos en todas partes, el desfile.

El festejo costó 2 mil 900 millones de pesos.

Según datos proporcionados el otro día por @rtello, con esa cantidad de dinero se comprarían:

- Más de 4 millones de boletos para ir a ver a los Pixies en vivo, con todo y chela;
- 15 helicópteros Black Hawk, 467mil Rifles AR-15 u 83 millones de balas (para la guerra contra el narcotráfico);
- Más de 5 millones de boletos de avión a San Francisco
- 1,835,974 niños desayunos del DIF, sin subsidio.


Y así, nos podemos pasar días enteros enumerando otras cosas en las que podríamos gastar todo ese dinero.

Al H. Gobierno Federal se le hizo buena idea comprar un chingo de polvora, otro chingo de luces y otros elementos y servicios que fueron útiles durante aproximadamente, ocho horas. Estuvieron padres, si, pero... Realmente valió la pena el gasto?

No se que pensar al respecto.

Yo no vi el desfile y apenas si vi el show después del grito. Estuve en una comida escuchando como debo de utilizar mis altas cualidades culinarias con la cochinita pibil y el chicharrón prensado para conquistar al amor de mi vida, entre otras cosas. Aburrido. Fue extraño estar con tanta gente querida sin realmente estar ahí, como fantasma. Uno no puede estar en ninguna parte queriendo estar en otro lado. Pensando en quien-sabe-que. Con los sentimientos atorados. Con la mente en algún lugar remoto que ni siquiera se si existe. O si es necesario.

Pero bueno. Me llamo la atención el momento del grito. A mi, en lo personal, me sale lo patriotero en esta clase de eventos, soy de las que se conmueve con el Cielito Lindo en el mundial y se ponen un letrero en la frente cuando está en el extranjero que dice "soy mexicana". Anoche fue curioso como, en cuanto apareció nuestro Presidente a cuadro, antes de que los militares le entregaran la bandera, el 90% de los asistentes lo abuchearon pasionalmente, como si estuvieran en el Zócalo y Calderón los pudiera escuchar.

Buuuuuuuuuuuuuuuu.

Luego vino el Grito, el himno y todo mundo gritó y cantó emocionado. Pienso que el problema entonces no es el Grito en sí, sino el que da el Grito.

Yo seguía pensando en quien-sabe-que.

En fin.

Punto y aparte.

Nunca me ha gustado esperar. Quiero escribir más y no me atrevo. O no me sale. No entiendo qué esta sucediendo.

Un silencio bien colocado puede matar a cualquiera y tu lo sabes de sobra. Para mi desgracia, es una táctica que dominas a la perfección.

Chale.

viernes, 10 de septiembre de 2010

random thought

Podría existir un programa de tele que se llamara Woman vs. High Heels.

Obviamente sería similar al de Man vs. Food: una chava que viaja por todos lados enfrascándose en retos que involucran el uso de tacones muy altos, preferentemente de aguja.

El reto de hoy hubiera consistido en viajar de Polanco al hospital Ángeles del Pedregal y de regreso en transporte público usando unos tacones de aguja de 8 centímetros de alto bastante viejos y semi abiertos. El reto incluye equilibrio en el camión y una caminata desde la glorieta de San Jerónimo hasta avenida Toluca, tramo que normalmente toma menos de 15 minutos.

Ya habría perdido.

jueves, 9 de septiembre de 2010

pantis

Martes por la mañana, 7 de septiembre. Pesero hasta la madre. Se escucha en el radio, a todo volumen, a una señorita explicando el funcionamiento de unos "pantis" que vibran y se manejan a control remoto. Unos minutos antes, la misma vieja explicaba el funcionamiento de un vibrador para el escroto. No se si es la locutora o es una invitada o qué pero hay otros locutores en el programa. Todos se ríen nerviosamente cuando la mujer en cuestión -quien no es nada elocuente- menciona la palabra "escroto". Uno de ellos hasta se echa un chiste, con ese tono tan particular de chavobuenaonda que tienen algunos locutores , "o sea, escroto podría ser el nombre de un superheroe o de un villano", acto seguido grita escroto como si gritara "biiiiirdmaaaan".

Pero ese era sólo el principio.

Después del pésimo chiste, la mujer esta pasó a la explicación de los pantis vibradores.

- No saben chicos. Estos pantis están ideales para usarse en el cine y que tu guapo le mueva al control remoto. (Obvio ella también tenía tono chavitabuenaonda, así como las que iba a ver Fabiruchis cuando se lo surtieron en la Roma)
- ¿NETA???!!!!! ¿Unos pantis que vibraaan???
- Si, unos pantis que vibran. ¿A poco no está lo máximo?

Pantis.

¿Te cae?
¿"Pantis"?

¿Por qué demonios estos mequetrefes le están diciendo "pantis" a los calzones?

¿?

Obviamente quería oir más de los chavosbuenaonda cuando el locutor que se ve mandaba a los demás se fue al corte, amenazando con la presencia -a continuación- de Benny Ibarra y ya no supe que otras supuestas maravillas vibradoras tenía esta vieja en su repertorio. Referirte a los calzones como "pantis" es como decirle "bubis" a las chichis.

Estos mequetrefes son muy transgresores porque hablan de artefactos vibradores aptos para usar en el cine pero no lo suficiente como para decirle a los calzones por su nombre. Les tienen que decir "pantis". "Pantis" es una palabra que ni en inglés me gusta.

No acababa de salir de mi shock por la palabra "pantis" cuando escucho que el programa se llama "Despierta mi bien despierta" o "levantate que ya amaneció" o alguna frase de Las Mañanitas -además de tetos, bien ocurrentes- y que está a cargo de, ni mas ni menos que...

Yordi Rosado.

Ay Montserrat, estás viendo y no ves. Pues si. Quién más iba a salir con esas ñoñerías. El rey de los ñoños.

Quiubole con su vocabulario.

La peor parte de Yordi Rosado no es que esté atrapado en los noventas ni que crea que sigue teniendo edad para conducirse como si todavía fuera DJ de Music Systems y estuviéramos en la comida del Alexander Bain en el IFE. Tampoco es que se sienta con la autoridad moral suficiente como para considerarse líder de opinión y que un guey que no le puede decir a los calzones "calzones" le de lecciones de sexualidad a quien sabe cuanto escuincle y padre de escuincle que si cayó en el marketing del "quiubole con tu cuerpo" y madres anexas.

No. La peor parte de Yordi Rosado es que a sus 40 y tantos (bueno, exageré, a lo mejor es un poco más joven, 38 o 39) seguro llega a su casa con su vieja y, pa ponerse en plan cachondo, le dice:

"Mi viiiii, amo como se te ven las bubis cuando te pones esos pantis"

PLOP con mayúsculas.

(Y seguro remata la noche con un virgencita plis nunca desampares a las amiguis de mi piel o algo asi).

Yordi Rosado es un peligro público. He dicho.

Esto me hace pensar en la famosa anécdota de cuando mi hermana le dijo a un guey "Aquí somos adultos y a las cosas les decimos por su nombre...". Esa es otra historia.

viernes, 3 de septiembre de 2010

02:56

Cuz I've already suffered I want you to know God I'm ridin on hell's hot flames comin up from below