Tota que Sacramento es tan fome que no puedo creer que sea la capital de California. Mi hotel estaba en el mero centro y, sin contar que en todos los centros de todas las ciudades de Estados Unidos hay un chingo de vagos deambulando, era lo más parecido a un pueblo fantasma. Todo cerrado y/o abandonado. Según el Cónsul mexicano (un tipazo, por cierto) es porque van a construir la nueva arena de los Kings de Sacramento. Ojalá porque si no que aburrido.
Mi reunión super bien. Mi día agotador. Tuve que lidiar con un colega (ahora siempre uso la palabra "colega") nefasto, de esos que te quieren impresionar diciendo la palabra "St. Regis" cada cinco minutos (estuve a punto de aplicarle la de "mmmm no se en dónde está eso" nada más para verle la cara), con una plática muy incomoda y una cena a la que no quería ir en el Morton's. Demasiado dinero por un pedazo de carne. Estaba tan cansada que no llegué a ver ni a Kimmel ni a Fallon. SACRILEGIO. Al día siguiente, a las 5 am ya estaba otra vez como zombie en el aeropuerto.
Some random thoughts:
El viernes pasado le di en la madre a mi ipad, pensé que era irreparable pero no, fue reparable y ahora no le sirve la mitad de la pantalla, incluyendo la letra P.
Ahorita es cuando más odio a Cablevisión orque podría estar feliz metida en mi cama viendo a Hugol decir mamadas en Futbol Picante en el Mundial pero no, mi tele y yo estamos secuestradas por Cablevisión y su pésimo servicio al cliente.
Regreso.
Aparecí en Los Angeles. Me rechoca LAX y ni pedo, me tengo que aguantar porque Los Angeles si es uno de mis lugares favoritos en el mundo. Esta cabrón como las tres últimas veces que he ido no he estado más de 24 horas seguidas, cosa terrible porque Sergio y yo nos queremos tomar todo y hacer todo en chinga y o me deja el avión o me ahogo y me da hipo a las 7 de la noche o no hago lo que quería hacer. Obviamente, esta escala así fue.
Comenzó con un desayuno de campeones en el Griddit. Un par de pancakes de 30 centímetros de diámetro con topping de vainilla y pumpkin spice, tocino y azucar glass. LA PUTA GLORIA. GOD BLESS AMERICA.
(Luego porque no me queda la ropa)
De ahí a atorarnos en el tráfico de Santa Monica Boulevard y de ahi al Barney's Beanery en Westwood para ver el partido de México rodeados de brasileños. El lugar tiene más teles que un Costco. Neta.
El partido. Que partido. Francisco Guillermo Ochoa.
Durante los noventa minutos recordé todas y cada una de las veces que me he dedicado a mentar madres de Ochoa a lo largo de los años, las miles de veces que dije lo pésimo portero que me parecía y la mamada que era llevarlo al Mundial. Me comí todas y cada una de mis mentadas de madre. Pensé seriamente en irme caminando con una playera con la foto de Paco Memo desde Westwood a la Villa, en señal de arrepentimiento, sobre todo en la sexta atajada. PERDONAME FRANCISCO GUILLERMO, NO SABÍA LO QUE ESTABA HACIENDO. NUNCA VUELVO A HABLAR MAL DE TI.
O nos daba un infarto colectivo o nos sacaban del bar los brasileños a putazos. Eramos ocho contra cincuenta. Menos mal que no ganamos porque ahi si iba a ser lo segundo. Con tanto nervio se me hizo fácil tomarme todo lo que mis acompañantes gringos me dieron. Total, a quien le importa tenerse que trepar ooootra vez en un avión a las 12 de la noche y tener que bajarse e irse directo a recibir al Gobernador de Colorado en la oficina del jefe. Empatamos con Brasil en un partidazo. Nos lo merecemos.
A las 10 de la noche ya no me parecía que lo mereciéramos tanto.
El resto de la tarde fueron risas y más risas, discos, rite aid, comida, risas, amoeba y un chingo de hipo.
Amo el elevador de Amoeba:
Obviamente mi vuelo de regreso y mi miércoles fueron una pesadilla aunque no me importó mucho porque es el mundial y el mundial son mis treinta días de extasis de felicidad. Aun cuando le esté partiendo la madre a mis quinielas.