Esta entrada empezaba increíble. Yo eufórica escribiendo:
AHI SE VEN! seguido de esta foto:
Si. Vengo en un avión con destino a Londres, escuchando una lista que hoy en la mañana me hizo mi A. Se llama London Calling. El tan lindo. Cuando me la mandó por el spotishit fue con un mensaje en italiano que -claro- tuve que buscar en google translate... Te voy a extrañar mucho pero estoy feliz por tí.
Cuando me fui a New York también me hizo una lista padrisisisima como de 60 canciones y fue lo único que escuché en el viaje. Ahora no puedo oir a Neon Indian sin sentir que voy caminando por la sexta avenida por lo que ya me jodí. Cuando le notifique esto me respondió que eso era muy bueno porque así siempre me iba a acordar de él. Fuck my fucking life.
En fin.
Antes de pasar a explicar porque esta entrada dejó de ser increíble para convertirse en una pesadilla tengo que aclarar que diversos sucesos de esta semana me obligan a medir mis tragedias en otra escala. Ayotzinapa, por ejemplo. O ese gran amigo que de repente se quedó huérfano en menos de dos meses. La situación que vive México. Esa gran amiga que de repente enviudó con dos hijos y embarazada del tercero. Su esposo que tenía mi edad. Si. Lo se. Hay cosas un millón de veces peores que esto. Aparece No. 1 Party Anthem de los Arctic Monkeys. Call for a search for your soul. Never knowing when to stop. Ash.
ASH con mayúsculas.
Llegué al aeropuerto corriendo porque todo el puto día corro. Debo mencionar que en dos días he dormido diez horas porque la otra noche se me apareció veintisiete años, se quedó en mi casa platicando hasta las 5 de la mañana jugando a que los martes son viernes y anoche tuve una crisis de calentador de agua a la 1 de la mañana así que estoy exhausta. Cambié 6 mil pesos a libras y las guardé en mi cartera. Me encontré con Roberto y Natalia porque vamos en el mismo avión. Me eché un whisky. Comenté el punto. Pura felicidad. Antes de abordar me senté junto a una de esas estaciones de enchufes patrocinadas por Samsung para cargar mi teléfono. Estaba justo junto a una tienda. Me pasé diez minutos haciéndole ojitos a una bolsa de takis. Cuando nos llamaron a abordar, se me ocurrió pararme para comprarlos. Saqué mi cartera, la puse sobre las halls del mostrador, di mi tarjeta de débito, pagué, guardé mis takis y me fui. Una hora y media después, cuando estoy volando sobre Veracruz, me doy cuenta de que no tengo cartera.
Me faltan ocho horas para bajar del avión y a los de British Airways no se les hace necesario tener wifi.
TODO POR TRAGONA.
No se si alguna vez había sentido tanta desesperación como en este momento. Ocho horas sin saber si ya me bajaron todo el sueldo y se acabaron mi tarjeta. Y claro, en Londres sin un centavo. Digo, se que tengo varias cuentas pendientes con el karma pero ya se la está mamando.
Lo bueno es que ya me tomé mi dramamine con un vinito amd now I'm dizzie. Zzzzz. Zzzzzzzz