El sábado se casó uno de mis mejores amigos en Xochimilco. Con una
española guapísima. La pareja más feliz, guapa y fotogénica que conozco.
Trepar a unos novios en una trajinera es una locura. La gente se
posesiona de la felicidad ajena. Es hermoso ver como la gente se
posesiona de la felicidad ajena. Supongo que si yo no fuera mexicana,
también percibiría lo que ocurre a bordo de una trajinera como una
experiencia asombrosa. Igual y es que los mexicanos hemos presenciado
tantas veces un fenómeno como el de Xochimilco que hemos perdido la
capacidad de asombro. Como con la lucha libre, Tepito, las quinceañeras,
los mercados, el caos en el que vivimos.
Hay que recuperar la capacidad de asombro.
Estuve
quince horas en tacones. Fumé cerca de una cajetilla de cigarros cuando
en la vida real no fumo. Declaré públicamente -contrario a mi
inclinación- que los mariachis aniquilan cualquier fiesta. Ésta fue una
excepción a la regla. Abracé a amigos a los que no abrazaba desde quien
sabe cuando. Me topé con un seguidor de Whatthefuckdorowsky y me tomé el
atrevimiento de leerle en voz alta mis argumentos detractores del
Maestro y su clan de whatthefuckdorowcitos. Fue muy curioso.
Quizá lo mejor de ese sábado y de su madrugada y de la mañana siguiente, fue conocer este video. No. No fue lo mejor, pero fue algo muy bueno.
Good to see you.