Estoy sospechosamente feliz y cansada. Supongo que es porque la próxima semana me voy a Londres. Tan bonito mi trabajo que me ha llevado a mis ciudades favoritas este año.
Anoche pensaba en lo dificil que es evitar hacerse preguntas. Y más hacerse preguntas que no te puedes responder por más que intentes. Porque si uno se pregunta cuál es la composición química del MDMA basta con ir a wikipediamylove (o a google), escribir y encontrar que su composición es 3,4-metilendioximetanfetamina y su fórmula es C11H15NO2. Pero esas otras preguntas son las que te vuelvel loco. Piensas y piensas y piensas y lo único que vas a lograr es no dormir. Si a eso le sumamos ochenta problemas laborales (ya estoy convencida de que mi trabajo es muy bonito pero consiste en vivir resolviendo emergencias urgentes y casos imposibles más urgentes) pues estás jodido.
El próximo lunes viene el Príncipe Carlos de Gales a México y -para variar- estoy metida en el show de la organización. Hoy fue la visita de avanzada con los encargados de protocolo y conocí al amor de mi vida. Él no lo sabe, pero es el amor de mi vida. Obviamente es británico. Más británico que Leicester Square y la Reina.
Life is very good.
Dios salve a la reina.
jueves, 30 de octubre de 2014
domingo, 19 de octubre de 2014
Felicidad parte II
En mi entrada anterior escribí que la Felicidad (con mayúscula, como escribió Benedetti) tendría que ser algo muy parecido a lo que sentí cuando escuché a Kasabian cantando Praise You, la semana pasada en el Corona Capital.
We've come a long way together.
Through the hard times and the good.
Through the hard times and the good.
I have to celebrate you, baby.
I have to praise you like I should.
I have to praise you like I should.
I always will.
El Corona Capital a.k.a. Corona Caminar y, ahora... Corona Lodazal.
El sábado fue un pinche desastre. Estuve 40 minutos pensando en si me llevaba mis wellies moradas o no. "Mis wellies" yo taaaaan británica. Me las regalaron hace como seis años en el intercambio de navidad, casi nunca puedo ponérmelas y, como me quedan medio grandes, no son tan cómodas para chutarse un festival de ocho horas y menos el Corona Caminar que es una pesadilla de kilómetros y kilómetros. Me las llevé.
Ha sido la mejor decisión en mucho tiempo.
El sábado fue un pinche desastre. Llegué al final de Kongos, después de caminar media hora obvio, y hasta nos echamos en el pasto "¿ya ves? te trajiste esas botas a pasear". Que ingenuidad. De ahí a Hercules and Love Affair, a la carpa, junto con Weezer, el único set que vi completo. De ahí al baño, que bueno porque me topé con Juan. Juan is back y yo no podría estar más feliz de haberlo recuperado. Ese es el pedo con las esposas/novias que deciden armársela de pedo sin razón alguna a las amigas de sus novios/esposos. Las novias/esposas pueden ir y venir. Las amigas siempre, siempre, SIEMPRE estarán presentes. Aunque pasen años y no nos veamos. En fin. En la fila del baño me enamoré momentáneamente de un guero -claro- como de 21 años que estaba adelante de mi. Fue muy insistente en saber en qué universidad estudiaba. Cositalinda. Si supiera que salí de la universidad hace 11 años. Era lindo, medio nerd, pero nuestra agenda musical nos separaba. Ya ni hablemos de nuestra edad. Nuestro bonito romance duró los 25 minutos que nos tardamos en entrar al sanirent. Cuando salí, había desaparecido.
De ahí yo quería ir a ver Holy Ghost! pero mi nuevo crew se moría de hambre por razones que no explicaré en este espacio y, se nos hizo buena idea formarnos en uno de los food trucks. Una hora y veinte minutos para que nos dieran unos pinches tacos inmundos. No exagero. Fue todo el set de Holy Ghost!, el tiempo de ajuste y los que estaban tocando antes. ¿En qué mundo uno tiene que formarse ochenta minutos para comer? ¿En el de la guerra?. Además, empezó a llover. Ahí fue cuando me di cuenta de que no me había equivocado en llevar las botas. Al poco rato todo el festival era un lodazal de los peores.
Ya medio de malas, nos instalamos en el escenario Doritos (Doritos, Sol, Coca Cola, Ruffles, Tecate, Marlboro, EQUIS) para ver a Weezer. Diluvio. Yo, además de las botas, llevaba no uno sino dos impermeables y shortcitos así que la lluvia me la estaba pelando. Weezer estuvo chingón, a pesar de los comentarios del dude que goza de abandonarme en los conciertos. Noventerísimo, Rivers Cuomo cagado. Creo que muy pocos entendieron el chiste de la playera del Veracruz, aparentemente es muy parecida a la que le repartieron a los asistentes de su crucero hace un par de años.
Terminó Weezer y empezó el desastre. Juan estaba en chanclas, de malas y se quería ir. Ya era de noche. El resto de mi otro crew ni idea. De milagro vi pasar a mi ex-guerito veinteañero (que ya casi es treinteañero) porque si de por si tengo un radar para encontrar gente entre la multitud, a él lo podría encontrar hasta con los ojos cerrados, y me les pegué. Eventualmente me toparía con el resto de la gente. Fuimos a Massive Attack. La gente se caía en el lodo. Yo, con mis botas todo terreno sintiéndome lo máximo. Empezó Massive Attack. No soy fan pero me gustan unas cuantas rolas. Me recordaron mucho al show de los Chemical Brothers. Tocaron la de Little Dragon que me encanta. Empezó el DILUVIO. Así, con mayúsculas. Justo antes del desastre me topé con Xavi y me convenció de moverme hacia la entrada para MGMT y Jack White, a quién realmente quería ver, junto con the Horrors, esa noche. Lluvia torrencial. Alguien dijo "acaban de cancelar el concierto". Caminar, caminar, caminar, caminar y caminar entre lagos de agua y lodo. Ni una sola persona del staff a la que le pudieras preguntar algo ¿Si es cierto que van a cancelar el concierto? NADA. La gente se tapaba con mesas, sillas, se caía. Un pinche desastre.
Estoy segura de que en uno de los charcos pisé un cuerpo.
Decidí no esperar a que dejara de llover y salirme para alcanzar el metro abierto. Mis compañeros no pensaban igual. Fácil caminamos cuarenta minutos o una hora. No lo se. Perdí la noción del tiempo desde la cancelación de Massive. Terminamos trepándonos empapados en un taxi. Oh sorpresa cuando voy llegando a mi casa y me aparece esto en mi teléfono:
Chinga tu puta madre, Corona Lodazal.
El domingo me desperté mentando madres del festival. Como todos los años. Me cagó la madre pagar 1045 pesos por un boleto para ver nueve canciones y -literal- bañarme en lodo. Luego esa maldita idea de no vender más que chelas ¿Y los que no tomamos cerveza?. Así estaba, mentalizándome para perder otros mil varos porque medio mundo estaba vendiendo su boleto cuando me entró una llamada. La llamada. Mi interlocutor se la había pasado mil veces peor que yo y existía la posibilidad de que si quisiera verlo en el festival, a diferencia del sábado. Al final no logramos irnos juntos básicamente porque se le olvidó mi existencia y eso sólo fue una señal de que todo estaba empezando -otra vez- con el puto pie izquierdo y que me la iba a pasar de la chingada. Así continuamos: comenzó a llover, me fui en coche, tuve que manejar el coche -que no era mío- y un poquito antes de llegar al Foro Sol choqué, no traía licencia, no le podíamos marcar al del seguro porque yo en mi mente -cada vez más ingenua- tenía a varias personas esperándome en la entrada del festival. Ja ja ja. Pobre de mi. Terminé pagando 1500 pesos (me hubiera salido más barato irme al Austin City Limits con Nina), haciendo un mega coraje y maldiciendo no haberme quedado en mi casa.
Me metí sola al festival porque soy una treintona berrinchuda. Ahí estaba, total y absolutamente perdida entre la gente que veía a Chvrches, sin señal y sin un plan para encontrar a quien quería encontrar, cuando me encontré a Coco y me dio la mejor idea: párate en medio de la nada, en el lodo y, con ese pelo, alguien te va a topar. Estaba a punto de empezar St. Vincent. Me paré y, como si fuera lo que tenía que suceder, pasó junto a mí, a menos de un metro. Hey.
Me gusta pensar románticamente en que eso era lo que quería el destino para mí, evitar que me pasar otro día horroroso de festival juntándome con una sarta de veinteañeros.
Me limitaré a escribir que tenía mucho tiempo de no divertirme tanto. Hice todo lo que no quería hacer: perderme a Beck, ver a Foster The People, perderme a Belle and Sebastian, tomar cerveza. Se me va el pedo. En mi mente suena Don't get me wrong. Fucking fireworks.
Bien lo cantó Kasabian después de Praise You. I'm carving through a letterbomb.
La salida fue muy parecida a mis recuerdos de salidas. Después de haber encontrado a gente de formas increíbles, perdí a mi acompañante. Por más que lo busqué, se me perdió en un segundo mientras distraía a los policías. No traía un peso. Ni un peso. Tuve que pedir cinco pesos prestados. No tenía ni puta idea de como me iba a regresar al barrio. De repente escuché un "Roma, Condesa, Chabacano". Me subí al pesero fingiendo demencia. Pregunté cuánto costaba y me cagué de risa porque ni rogando iba a conseguir los 45 pesos que necesitaba. El cobrador/chofer se apiadó y me dejó irme parada en la entrada sin pagar. Todo se me hizo fácil en esa última hora. Todo. Subirme sin pagar. Bajarme a las 2 de la mañana en pleno insurgentes, en botas y shorts, meterme a un cajero, agarrar un taxi en la calle. Todo.
Es en serio. Ya no me acordaba cómo se siente estar enojada por factores que son imposibles de manejar. Mis famosos berrinches de cierre de festival en el foro sol.
Así terminaron mis botas:
Estoy segura de que en uno de los charcos pisé un cuerpo.
Decidí no esperar a que dejara de llover y salirme para alcanzar el metro abierto. Mis compañeros no pensaban igual. Fácil caminamos cuarenta minutos o una hora. No lo se. Perdí la noción del tiempo desde la cancelación de Massive. Terminamos trepándonos empapados en un taxi. Oh sorpresa cuando voy llegando a mi casa y me aparece esto en mi teléfono:
Chinga tu puta madre, Corona Lodazal.
El domingo me desperté mentando madres del festival. Como todos los años. Me cagó la madre pagar 1045 pesos por un boleto para ver nueve canciones y -literal- bañarme en lodo. Luego esa maldita idea de no vender más que chelas ¿Y los que no tomamos cerveza?. Así estaba, mentalizándome para perder otros mil varos porque medio mundo estaba vendiendo su boleto cuando me entró una llamada. La llamada. Mi interlocutor se la había pasado mil veces peor que yo y existía la posibilidad de que si quisiera verlo en el festival, a diferencia del sábado. Al final no logramos irnos juntos básicamente porque se le olvidó mi existencia y eso sólo fue una señal de que todo estaba empezando -otra vez- con el puto pie izquierdo y que me la iba a pasar de la chingada. Así continuamos: comenzó a llover, me fui en coche, tuve que manejar el coche -que no era mío- y un poquito antes de llegar al Foro Sol choqué, no traía licencia, no le podíamos marcar al del seguro porque yo en mi mente -cada vez más ingenua- tenía a varias personas esperándome en la entrada del festival. Ja ja ja. Pobre de mi. Terminé pagando 1500 pesos (me hubiera salido más barato irme al Austin City Limits con Nina), haciendo un mega coraje y maldiciendo no haberme quedado en mi casa.
Me metí sola al festival porque soy una treintona berrinchuda. Ahí estaba, total y absolutamente perdida entre la gente que veía a Chvrches, sin señal y sin un plan para encontrar a quien quería encontrar, cuando me encontré a Coco y me dio la mejor idea: párate en medio de la nada, en el lodo y, con ese pelo, alguien te va a topar. Estaba a punto de empezar St. Vincent. Me paré y, como si fuera lo que tenía que suceder, pasó junto a mí, a menos de un metro. Hey.
Me gusta pensar románticamente en que eso era lo que quería el destino para mí, evitar que me pasar otro día horroroso de festival juntándome con una sarta de veinteañeros.
Me limitaré a escribir que tenía mucho tiempo de no divertirme tanto. Hice todo lo que no quería hacer: perderme a Beck, ver a Foster The People, perderme a Belle and Sebastian, tomar cerveza. Se me va el pedo. En mi mente suena Don't get me wrong. Fucking fireworks.
Bien lo cantó Kasabian después de Praise You. I'm carving through a letterbomb.
La salida fue muy parecida a mis recuerdos de salidas. Después de haber encontrado a gente de formas increíbles, perdí a mi acompañante. Por más que lo busqué, se me perdió en un segundo mientras distraía a los policías. No traía un peso. Ni un peso. Tuve que pedir cinco pesos prestados. No tenía ni puta idea de como me iba a regresar al barrio. De repente escuché un "Roma, Condesa, Chabacano". Me subí al pesero fingiendo demencia. Pregunté cuánto costaba y me cagué de risa porque ni rogando iba a conseguir los 45 pesos que necesitaba. El cobrador/chofer se apiadó y me dejó irme parada en la entrada sin pagar. Todo se me hizo fácil en esa última hora. Todo. Subirme sin pagar. Bajarme a las 2 de la mañana en pleno insurgentes, en botas y shorts, meterme a un cajero, agarrar un taxi en la calle. Todo.
Es en serio. Ya no me acordaba cómo se siente estar enojada por factores que son imposibles de manejar. Mis famosos berrinches de cierre de festival en el foro sol.
Así terminaron mis botas:
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treintona
martes, 14 de octubre de 2014
Felicidad
Felicidad.
Estoy segura de que la Felicidad se debe sentir como lo que sentí anoche mientras escuchaba a Kasabian cantar Praise You.
lunes, 6 de octubre de 2014
21:56
October is here and I am a fucking trainwreck.
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desastres inminentes,
dios llévame a miiii
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