martes, 31 de diciembre de 2013

31122013

Diciembre 31, 2013
Kilómetro 177 de la autopista Acapulco- México.

Le quedan como diez horas al 2013. Vengo en un autobús. Los adolescentes de adelante llevan una hora dando sesión de chicles y pujidos (¿no saben lo que es una sesión de chicles y pujidos? Intenten imitar los sonidos de cuando alguien masca chicle y puje quedito. Intercálenlos. There you are). Para que digo que no, si me dan un poco de envidia. En estos cuatro días que estuve en Acapulco -bueno en ese lugar al lado denominado Zona Diamante al que la gente se refiere como Acapulco, porque la neta, para mí, el Acapulco que más me gusta es el de la Costera Miguel Alemán - fui víctima de un ataque de nostalgia. Desde que tomé el autobús de ida, que venía repleto de veinteañeros haciendo planes para la noche, nostalgia total. No me puedo quejar de mi plan de esa noche porque Artur me llevó a ver a Placido Domingo a un fundraising chafísima organizado por Fundación Azteca (está cabrón como todo lo que toca Azteca, incluyendo al señor Plácido, se convierte en un producto de pésima calidad... ¿cómo le hacen?... Material de otra entrada) y a ver a Emmanuel en la Mega Feria.  Me divertí muchísimo, sobre todo en lo de Emmanuel. Ese concierto si estuvo bueno, bueno, bueno, hasta tuve ganas de estar borracha. Soy muy entusiasta de Emmanuel y no me importa que parezca señora de Las Lomas con todo y lentejuela incluida... también material de otra entrada. 

Volviendo a mi ataque de nostalgia acapulqueña, es inevitable llegar ahí y recordar todas esas cosas: mi familia, mis amigos, la prepa, el catalán y las cosquillas que me causaba, las fiestas interminables, los amaneceres, la época en la que casi nada te preocupaba, mejor dicho, te preocupabas por cosas que en ese entonces parecían gravísimas cuando en realidad no lo son. Ahora son cuentas, deudas, renta, trabajo, hijos, trabajo, futuro, salud, trabajo. En 1996, esa horrorosa responsabilidad se veía lejanísima. Ahora la que se ve muy lejos es esa increíble irresponsabilidad. 

Si. Es un cliché. Y como es un cliché, no le pones atención hasta que te das cuenta de que es cierto: la vida pasa demasiado rápido. Cada minuto cuenta. 

Aprovechando que hoy es un día en el que la gente está de lo más sensible y anda posteando cursiladas en las redes sociales desde las 7 de la mañana (no explicaré por qué pero desde el 20 de diciembre no puedo dormir bien porque ando como adolescente alborotada checando mi teléfono cada diez minutos), habría que hacer el clásico recuento voyerista de lo que fue mi 2013. Recordemos que tengo una terca necesidad de exhibir mi vida en una página de internet. Todo esto lo haré mientras escucho una lista de reproducción que trae el setlist del concierto de Pulp en la ciudad de México. Muy temerario de mi parte, lo sé. He repetido tres veces Do You Remember The First Time? Y en lo único en lo que puedo pensar mientras la canto es en que no sólo mi irresponsabilidad está lejísimos, también la patética persona que yo era el 25 de abril de 2012. Una lista de canciones de Pulp como método de redención. 

A ver:

El 2013 me agarró en pijama, con mi hermana, a medio maratón de Game of Thrones y -14 grados centígrados en un país que no es el mío pero que aprendí a querer como si lo fuera. El 1 de enero todavía no entendía ni madres, ya tenía más de medio cuerpo fuera de ese lodazal en el que comencé el viaje pero mis pies seguían ahí metidos sin dejarme avanzar. No sabía que en un par de meses saldría finalmente de ese atolladero para no regresar nunca. Obviamente, la única forma de quitarte cinco toneladas de lodo de los zapatos es a putazos limpios y no tan limpios. La soledad y el silencio producto de mi estancia en un pueblo enmedio de la nada fueron mis tablas salvadoras, junto con las asombrosas y desgarradoras experiencias de vida que pude conocer gracias a mi trabajo. Salí mucho más rápido de lo que esperaba, aun cuando me dí cuenta de eso apenas hace unas semanas. Sufrí el peor frío de mi vida mientras estaba formada afuera de un cine en el festival de Sundance. Me quejé sin parar de la nieve durante seis meses. No aprendí a esquiar porque me dio un ataque de pánico a medio metro del inicio de la pista pero eso si, no me cansé de caerme sobre la nieve. Conocí personas chingonsísisimas y personas asquerosas. Encontré en Nina a otro miembro de mi familia. La noche de mi cumpleaños llegué caminando a un bar enmedio de una nevada, escuché un "I got you, babe" y resucité. Aprendí que la gratitud es un sentimiento que no se puede ocultar. Descubrí lo invaluable y gratificante que es ayudar a gente que lo necesita. Me compré un tocadiscos y me autohipnoticé viéndolo girar mientras sonaba Venus In Furs. Se murió Lou Reed y estuve muy triste. Armé muebles. Desarmé muebles. Por un día supe lo que se siente ser uno de esos extranjeros que sacan los shorts cuando ven que el termómetro marca cero grados y sale un poquito el sol. Descubrí cosas de mi que, a los 34 años, todavía no conocía: que me gusta el yoga, que amo cocinar y que soy muy buena haciéndolo, que no soporto la mediocridad y la injusticia, que puedo hablar con desconocidos, que puedo pasar 10 horas en un cine, que también me gusta vivir sola, que puedo ir a un concierto sin compañía y que usar la bici me hace sentir bien. Agarré un coche y manejé durante casi 95 horas, cuando medio mundo nos dijo que no seríamos capaces de hacerlo. Pasé por planicies, desiertos, montañas, praderas, pastizales, bosques, pantanos, ríos, lagos, más ríos, nieve, tormentas de lluvia, de viento, eléctricas. Conocí pueblos y ciudades que ni en mi mejor sueño me imaginé que conocería. Atravesé Utah, Wyoming, Nebraska, South Dakota, Iowa, Illinois, Indiana, Kentucky, Tennessee, Arkansas, Missouri, Kansas y Colorado. Cuando llegué a Chicago me di cuenta de que era muy feliz y que tenía muchos años de no sentir una felicidad pura y legítima. En Nashville me reí a carcajadas con nuevos y viejos amigos. Fuí a Mount Rushmore y a Graceland. Le rendí en persona mis respetos a Johnny Cash y a Elvis Presley, dos de mis más grandes ídolos. Compré discos usados de tres dólares de músicos que no están de moda y los escuché mil veces porque siento que estoy en 1985. Tomé 1113 fotos. Comí todos los pancakes, el tocino, los waffles y las cosas fritas que me pusieron en el camino. Bailé. Bebí. Comí. Canté. Hice lo que se me dio la gana. Vi a Spiritualized. Regresé a México en un arranque de madurez mezclada con desesperación y estuve como perro sin dueño varios meses, totalmente desubicada. Un ímbecil me hizo la cosa más baja y ruin que se le puede hacer a alguien y me cerró la puerta para volver a Estados Unidos. Lloré sin parar. Me dijeron cosas buenas, muy buenas y malas que nunca pensé escuchar. Me escribieron cosas buenas, muy buenas y malas que nunca pensé leer. Gente que no era tan cercana a mí se convirtió en indispensable y gente muy cercana a mí desapareció. Me tuve que reajustar a cosas que no me gustan y adaptarlas para sacarles lo mejor.  Encontré paz, tranquilidad, un trabajo que me encanta y llevo dos semanas sonriendo cada cinco minutos por las cosas más pendejas, haciendo miles de planes. Entendí, una vez más, que por algo pasan las cosas.

En conclusión, gracias 2013, he sido muy feliz. 

viernes, 27 de diciembre de 2013

27 de diciembre

El 2013, en definitiva, ha sido un año lleno de sorpresas.

Me pasé toda la navidad, incluyendo el 25, recibiendo cualquier cantidad de mensajes irreales en el whatsapp. Desde "tu alaciado me perturba", pasando por "marry me", preguntas preocupadas acerca de mis hábitos alimenticios y propuestas indecorosas que no se deben reproducir en este espacio. Con casi todos me reí a carcajadas.

Una reaparición me agarró desprevenida. Supongo que retomar contacto con alguien a quien conociste hace diez años es un buen ejemplo de reciclaje. No lo veía venir. Desde el primer minuto fue directo y honesto. Uno se la pasa quejándose de la deshonestidad y los rollos y cuando alguien te la suelta derecho te quedas como pendejo. Ahora estoy emocionada emocionada y no puedo conmigo. 

I really like Mr. B.
 


jueves, 19 de diciembre de 2013

23:47

Es miércoles y ya no puedo más con mi alma. Si tuviera un mínimo de certeza respecto de mi futuro, agarraba mis huesitos y me iba a alguna playa.

A hacer nada.
A leer.
A dormir.
A escuchar música.
A no pensar.

Jajaja. Que raro que mi futuro sea incierto.

Son las 23:47. Veo el reloj y recuerdo a Christopher from Nacogdoches, Texas, diciéndome "it's funny, your clock is set on military time" y yo contestándole "it's because the days run from midnight to midnight". Sin suéter a -10 grados. Cachetes rojos congelados. 

Those were great days.

No he asistido a ningún festejo navideño de esos que organiza la gente que tiene grupos de amigos. Tenía uno la semana pasada que se canceló. Tengo otro el sábado y será el único. De intercambios amistosos navideños ni hablamos. Ha sido curioso ver como tus amigos se juntan sin convocarte. Esta peculiar situación en la que la gente que era cercana a ti ya no se acuerda de que regresaste ni tu te acuerdas de que esa gente vive en el mismo lugar que tú. 

Ya pasaron varios meses y sigue siendo extraño.

El viernes fui a los Foo Fighters. Primera vez que llego sola a un concierto en México. Me encantó. Soy una facilota. Todo fue una grata sorpresa: saberme muchas más canciones de las que esperaba, estar sola, toparme a quien me topé, salirme una hora antes, socializar con desconocidos, pasarla muy bien.

Learning to walk again.

La madrugada trajo más sorpresas. Todas esas palabras que alguna vez sospechaste se dirían pero que, cuando tuviste esa sospecha, pensaste que eran producto de tu soledad y tu imaginación. Cuando te ríes al escucharlas de puro nervio. Cuando las digieres y quieres agarrar a patadas a la pared porque la vida se mueve de formas muy misteriosas y este no es su universo. Es como esa escena de Singles que le gustaba citar al Marciano...

Silver linings.

La pregunta sería: ¿qué hace uno con todo eso? ¿En dónde se lo mete?




domingo, 15 de diciembre de 2013

jarvis

"I never intended to be a lyricist. I had wanted to be a pop star from about the age of eight (that's probably when I first saw the Beatles' film Help!)..."

Así empieza Mother, Brother, Lover. Selected Lyrics de Jarvis Cocker.

Regalazo de navidad el que me dieron. 






viernes, 13 de diciembre de 2013

encuesta

¿Usted qué piensa defender mañana?

a) el petróleo
b) el boleto del metro
c) al América
d) a los foo fighters
e) todas las anteriores

martes, 10 de diciembre de 2013

wisdom

A few words of wisdom from Mr. Chuck Klosterman...




sábado, 7 de diciembre de 2013

00:35

Hace muchísimos años, mientras pajareaba en la web, me topé en el myspace con un blog que decía "canciones con las que estoy obsesionado". El procedimiento era este: el guey pone la canción con la que está obsesionado, y le dice a la banda que ponga la suya.

Muchos -incluyéndome- estábamos obsesionados con la misma canción que el autor del blog.

La canción en cuestión es re famosa. Es perfecta. La primera vez que la escuché estaba sentada junto a Pedro Sañudo en el cinemex de Altavista cuando era el único cinemex que existía, hace como diez años. He contado esta historia en este blog como cinco veces. La película nos idiotizó desde la escena esta en la que aparece una fuente en medio de un patio enorme lleno de luz y justo cuando un Finn de ocho años se acerca a tomar agua llega una Estella también de ocho años y empieza a tomar agua junto a él y le da un beso, un gran beso, uno de los mejores. Acto seguido, sale Ann Bancroft cantando Besame Mucho, le toma la mano a Finn, se la pone en la chichi y le pregunta:


"- Do you know what is this?
- Your bube?
- No, Finn. This is my heart. And it's broken."
 

Como media hora después vienen los pincelazos y Like a Friend.

Like a Friend está llena de enojo, de coraje, de tristeza, de despecho, de ruido, de amor del bueno.
Por eso nos gusta, por eso se nos atascó en la cabeza y no se sale. Porque Cuarón no es pendejo, porque it's her heart and it's broken, porque sabía que con Like a Friend la escena no se nos olvidaría nunca, la película no se nos olvidaría nunca. Porque todos tenemos una historia así.

Es perfecta. Ya lo dije. La no correspondencia es el sentimiento colectivo por excelencia -como dice Ataque77 en la rola que le gustaba a ese alguien a quien quise mucho. La no correspondencia es todavía más colectiva que el amor, y pocas personas la han atrapado como lo hizo Jarvis Cocker en Like a Friend. Por eso nos tiene obsesionados desde hace años.

Y cuando termina, recuerdas que la esperanza es lo último que muere. Porque llegará: el equipo de futbol, la magia necesaria, la diseuforia, lo que huele rico, la alineación del cosmos, la respuesta que buscas, lo que estás esperando, sooner or later, aunque no te guste esperar.

Llegará.


jueves, 5 de diciembre de 2013

16:34

Con la novedad de que casi me les quiebro. Se me hizo fácil empacarme una pastilla de 500 miligramos de eritromicina sin nada en el estómago (claro, como porque alguien habría de hacerle caso al médico cuando dice "tomar con alimentos"). Me sentí Penny Lane en la escena de los Quaaludes. Me quería ir al hospital para que me lavaran el estómago como a ella.

Fue horrible.

Luego fui víctima de un ataque de dermatitis atópica. La dermatóloga me dijo que soy una persona de piel fina y delicada. Y una nerviosa.

Llevo varias semanas queriendo hablar de About Time, película que se estrena mañana. Mis nuevas actividades y recientes enfermedades me lo han impedido. Por más que trato de hacerme tiempo, no lo logro. No es queja, lo estoy disfrutando mucho, pero pus nada más no me alcanzan las horas.

Richard Curtis es el culpable de varias de mis películas favoritas: Four Weddings and a Funeral, Love Actually (si, me encanta Love Actually), The Boat That Rocked, Bridget Jones Diary, Notting Hill y ahora About Time.

Lo padre de About Time es que no es la típica película de amor, con la protagonista guapísima y el protagonista medio distraido, que se encuentran, se enamoran, tienen pedos y terminan juntos y felices. No. Para nada. Es una película de amor en el sentido más amplio del término "amor". La protagonista es guapa (mi amor Rachel McAdams), el protagonista es distraido, pero está lejos de ser típica. Tenía más o menos un año de no llorar tanto en una sala de cine, desde The Perks of Being a Wallflower. En ambos casos el detonador de mi llanto incontrolable fue el final de la película. En el primero, culpa de la música. En el segundo, de una parte de mi vida de esas que nunca serán superadas. Lloré tanto que me salí corriendo de la sala porque me dio pena que prendieran la luz y los otros asistentes del screening me vieran trabada. Mi acompañante estuvo a dos de cachetearme para que me calmara. Y si, tal vez la película no amerite que llore tanto, creo que lo que me pasó es que me identifiqué tanto con lo que le pasa al personaje principal y sentí tantísimo amor (así de cursi como se lee) que no me quedó de otra más que ponerme a llorar.

El soundtrack está chingón, como pasa con todas las películas de Richard Curtis.

Al final final, se avientan una frase que me dejó pensando:

"We're all travelling together. Every day of our lives. All we can do is do our best to relish this remarkable ride".


domingo, 1 de diciembre de 2013

toros

Hoy fui a los toros con mi tío Juan. Joselito (porque yo lo conozco muy bien y le digo Joselito) Adame, Arturo Saldivar y Diego Silveti. Sol en la cara.



Estoy lejísimos de ser conocedora. Lejísimos. Cada vez que voy, Juan me corrige con lo del capote y la muleta. No me lo aprendo. El primer toro agarró a Joselito Adame del traje, lo revolcó por el aire y yo juré que ya se lo había descontado. Sufrí. No hubo sangre. Perdón público lector, pero si hay algo que me parece super sexy es un torero con el traje de luces lleno de sangre. Uffff. Decía que estoy lejísimos de ser conocedora pero también estoy lejísimos de ser villamelona. Hay un chingo de banda que no tiene ni idea -ni le interesa tenerla- de a qué va. Abuchean al toro, al torero, al picador, a los banderilleros, cuando matan al toro, cuando no lo matan, al de las chelas. Se toman fotos en los momentos menos oportunos. Se ahogan. 

Generalmente me valen madres pero hoy los de al lado si me cayeron mal.

¿En dónde habrá más villamelones? 

a) En un Pumas- América en el Estadio Olímpico Universitario
b) En los toros
c) En uno de los conciertos en el auditorio blackberry