Con la novedad de que casi me les quiebro. Se me hizo fácil empacarme una pastilla de 500 miligramos de eritromicina sin nada en el estómago (claro, como porque alguien habría de hacerle caso al médico cuando dice "tomar con alimentos"). Me sentí Penny Lane en la escena de los Quaaludes. Me quería ir al hospital para que me lavaran el estómago como a ella.
Fue horrible.
Luego fui víctima de un ataque de dermatitis atópica. La dermatóloga me dijo que soy una persona de piel fina y delicada. Y una nerviosa.
Llevo varias semanas queriendo hablar de About Time, película que se estrena mañana. Mis nuevas actividades y recientes enfermedades me lo han impedido. Por más que trato de hacerme tiempo, no lo logro. No es queja, lo estoy disfrutando mucho, pero pus nada más no me alcanzan las horas.
Richard Curtis es el culpable de varias de mis películas favoritas: Four Weddings and a Funeral, Love Actually (si, me encanta Love Actually), The Boat That Rocked, Bridget Jones Diary, Notting Hill y ahora About Time.
Lo padre de About Time es que no es la típica película de amor, con la protagonista guapísima y el protagonista medio distraido, que se encuentran, se enamoran, tienen pedos y terminan juntos y felices. No. Para nada. Es una película de amor en el sentido más amplio del término "amor". La protagonista es guapa (mi amor Rachel McAdams), el protagonista es distraido, pero está lejos de ser típica. Tenía más o menos un año de no llorar tanto en una sala de cine, desde The Perks of Being a Wallflower. En ambos casos el detonador de mi llanto incontrolable fue el final de la película. En el primero, culpa de la música. En el segundo, de una parte de mi vida de esas que nunca serán superadas. Lloré tanto que me salí corriendo de la sala porque me dio pena que prendieran la luz y los otros asistentes del screening me vieran trabada. Mi acompañante estuvo a dos de cachetearme para que me calmara. Y si, tal vez la película no amerite que llore tanto, creo que lo que me pasó es que me identifiqué tanto con lo que le pasa al personaje principal y sentí tantísimo amor (así de cursi como se lee) que no me quedó de otra más que ponerme a llorar.
El soundtrack está chingón, como pasa con todas las películas de Richard Curtis.
Al final final, se avientan una frase que me dejó pensando:
"We're all travelling together. Every day of our lives. All we can do is do our best to relish this remarkable ride".
Que osooooo... Por favor nunca me hagas tal escena en un cine porque el que sale corriendo seré yo.. Ja ja ja... que osoo weeeee...
ResponderEliminaroso mil ocho mil... lo bueno es que cuando vi The Perks of, mi roomie estaba llorando peor que yo, así que no me sentí sola en la vergüenza
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