domingo, 27 de junio de 2010

27 junio 2010

Ni se hagan. Cualquiera que sea fanático del buen futbol tiene una relación enfermiza con la selección albiceleste. No puedes dejar de reconocer que saben moverse, que son unos chingones con el balón, que hacen unas jugadas de ensueño, que tienen precisión, alcance, que Messi es conmovedor y, al mismo tiempo, los odias.

Parece ser que cada cuatro años los tenemos que odiar aun más.

¨No temas querida, los valientes pelean cuando saben que no hay esperanza", decía el mensaje recibido en el Whatsapp a las 13:39. Apoyo incondicional a 3 mil kilómetros de distancia.

En el minuto 25 cayó el primer gol en contra e inmediatamente me metí a la cocina a cortar chorizos. Literal. A los 6 minutos escucho los gritos de horror desde la sala y, si antes estaba intentando cocinar, ahora estaba cortando compulsivamente a los pobres chorizos como si fueran los culpables del anticipo de masacre. Artur entró a la cocina, me vio rebanando chorizos como loca y me dijo "no mames, si fueras con un psiquiatra esto sería materia de varias sesiones". Después del chorizo vino la lechuga y el queso y las papas y caminar de un lado para el otro, mordiéndome los dedos. No pude seguir viendo el partido, ellos, los de verde, y yo nos desmoronamos. A nadie le gusta que cuenten como bueno un gol que es un claro fuera de lugar. Injusticia futbolística de las peores, solamente superada por el error garrafal del uruguayo que pitó el Alemania-Inglaterra hoy por la mañana.

Total que ya nos eliminaron del mundial. Otra pinche vez. Otra vez los argentinos. Tenemos un director técnico que está loco, que es muy terco y que sacó a la cancha una alineación inexplicable. Nos falta madurar. Nos falta capacidad para actuar bajo presión, para reaccionar ante la derrota, para levantar la cabeza, para no dejarnos caer.

Se terminó el partido, estábamos todos calladitos sentados en la sala como si fuera un funeral. Lo negamos, nos encabronamos, tratamos de analizar que pedo, nos deprimimos y, por ahí de las 8 de la noche lo aceptamos, medio a regañadientas. Con tal de no ver ninguno de los programas de comentarios futbolísticos, pusimos The Graduate. Dios bendiga a Mike Nichols por haber hecho una película tan chingona. A evadir la derrota se ha dicho.

Estoy muy triste. Yo era de las que creía que si íbamos a poder contra Argentina. Pero, cuando vi al Bofo cantando el himno nacional, supe que algo iba a salir mal. Me hubiera gustado estar más cerca y que me dieran un abrazo. Me conformaré -porque no me queda de otra- con sonreír cada vez que se enciende el foquito rojo del blackberry.

Ni modo. Nos ganaron. A cantar de nuevo esta canción.

jueves, 24 de junio de 2010

mayo

Month of May it’s a violent thing.

No sé si le late Arcade Fire. No estoy segura. Esa incertidumbre me molesta… bueno, cualquier incertidumbre respecto a alguno de sus gustos me molesta, pero ésta es muy particular, por tratarse de Arcade Fire. Arcade Fire a veces me recuerda su hermano, en una de sus fiestas de cumpleaños. Fue en el lugarcito ese enfrente del ITAM, el hermano estaba muy pedo y decía incoherencias mientras repetía una y otra vez Rebellion (Lies).

Arcade Fire también me recuerda varios de los motivos por los que amo la música: su condición impredecible; la necesidad de repetición; la facilidad con la que se convierte en imprescindible.

Está canción no se parece en nada a Arcade Fire. Por eso me tiene enganchada. Por eso y porque es garash puro, ruidoso, de esas canciones que se te quedan selladas. La escuchas una vez y quieres más y más y más. Si no fuera abogada–y si tuviera alguna razón más poderosa que el simple gusto- me tatuaría una de sus frases en algún lado: “Month of May it’s a violent thing”. O simplemente “Month of May”.

So young, so young
So much pain for someone so young
I know it’s heavy, I know it ain’t light
But how you’re gonna lift it with your arms folded tight???

El mes de mayo suele ser muy violento.

El martes perdió México. Se repite la historia. Argentina, en octavos.

(recuerdo ahora un correo que me mandaron desde Polonia en el que –totalmente ebrio- me escribían “Perdimos. Argentina fue mejor. No somos nada. Me das vida. Ni te quiero ni me quieres. Pero eres todo y nada. Estoy triste y quiero que me consueles”. Jajajaja. Don’t drink and write.)

Ojalá el resultado no se repita este domingo.

domingo, 20 de junio de 2010

día del padre

Hoy podría escribir una entrada totalmente hater explicando porque el día del padre es otra de las razones por las cuales odio el mes de junio.

Pero como mi ánimo del día de hoy es más hater que de costumbre y, además, estoy enrivotrilada, intentaré algo distinto.

Mi papá se llamaba Eduardo. Eduardo abandonó este mundo la madrugada de un 18 de abril de 1994, cuando una hemorragia impidió que el resultado de su transplante de hígado fuera exitoso. Estaba internado en la Clínica Las Condes en Santiago de Chile. Los doctores dijeron que aún cuando la hemorragia que lo mató no hubiera ocurrido, tenía el estómago cundido de cáncer. Era muerte o muerte o muerte porque Eduardo llevaba 5 años viviendo con una cirrosis hepática que no le deseo a nadie. Eran las 7:30 de la mañana de un inusualmente lluvioso lunes cuando entró Jaime -uno de los hermanos de mi mamá- a la casa. Nosotras ya estábamos en uniforme, terminando de desayunar para irnos a la escuela. Agarró el teléfono, marcó unos números y me dijo "tu mamá quiere hablar contigo". Desde ese momento supe que la suerte no había estado a nuestro favor. Desde ese momento todo fue muy confuso: muchas lágrimas, muchos gritos, muchos abrazos, muchos "lo siento", muchos "cuentas conmigo", muchas noches sin dormir. Yo tenía 15 años, mi hermana 11.

La última vez que lo vi fue el 23 de marzo, el mismo día en que asesinaron a Colosio. Mi familia tiene un gran defecto: domina a la perfección el concepto "fiesta". Esa noche le hicieron una cena de "buenos deseos" al Chileno, apodo con el que era conocido mi padre. Nadie se imaginaba que la fiesta terminaría siendo una de despedida. De repente alguien gritó "le dieron un balazo a Colosio". La fiesta se trasladó al frente del televisor. Mi papá, obsesivo de las causas políticas, no se separó de la tele durante un buen rato.

De mi papá guardo grandes recuerdos y anécdotas. Mi papá nació en Coihueco, un pueblo de dos calles a unos cuantos kilómetros de Chillán, en el sur de Chile. Mi papá creció entre vacas y cultivos hasta que se mudó a Santiago para estudiar. Le tocó vivir demasiado cerca el golpe de estado de 1973, vivía junto con su madre -que no es mi abuela, pero esa es otra historia- en Ñuñoa, a escasos metros del Estadio Nacional, en ese entonces la cárcel de presos políticos más grande de la ciudad. No lo agarraron de milagro porque claro que era del Partido Radical y apoyaba a Allende. Mi papá, a diferencia de la mayoría de los chilenos residentes en México en los ochentas, no llegó como exiliado. Apareció aquí porque la OEA le dio una beca para un diplomado y, caminando una tarde por Paseo de la Reforma, conoció a mi mamá y se enamoró locamente. Mis papás se casaron con tan sólo tres meses de conocerse, durante algunos meses se comunicaron por carta hasta que mi mamá, después de que mi papá pidiera su mano por carta, se embarcó a unas vacaciones por Sudamérica haciendo una muy breve escala en Chile. Se casaron de un día para otro y no pudieron celebrar por el toque de queda. Al día siguiente mi mamá continuó su viaje y vio a mi papá como cuatro meses después. Estuvieron juntos hasta que la muerte los separó, 17 años después. Una de las pocas pruebas que me hacen creer que el amor si existe.

Pero ya me desvié. Decía que de mi papá guardó grandes anécdotas y recuerdos. Lo recuerdo perfectamente bien echado en el sillón del ahora cuarto de la tele después de comer, con la música a todo volumen. Lo recuerdo riéndose a carcajadas en los eventos familiares, lo recuerdo platicándole cualquier cosa a una audiencia idiotizada como si se tratara de un encantador de serpientes. Lo recuerdo de fiesta. Lo recuerdo cantando canciones de José Alfredo Jiménez. Lo recuerdo comiendo chile como si fuera otro mexicano más. Lo recuerdo platicándome de Pinochet y de la vida en el campo. Lo recuerdo poniéndome a los Beatles. Lo recuerdo secándome las lágrimas en el primer concierto de Paul McCartney en México y cuando se murió mi abuelo Jorge. Lo recuerdo cocinando algo extraño. Lo recuerdo enseñándome a armar cosas y a escuchar música. Lo recuerdo emocionadísimo por Rocío Durcal. Lo recuerdo soltándome en la bici en la bajada de la hormiga en Chapultepec y limpiándome la sangre después de estrellarme contra el carrito de los helados. Lo recuerdo hablando de su país. Lo recuerdo diciéndome "se valiente Montserrat, todo va a salir bien". Lo recuerdo persiguiendo perros en el parque. Lo recuerdo eufórico porque Pinochet había dejado el poder. Lo recuerdo diciéndome que yo había nacido para ser una gran persona. Lo recuerdo muy enfermo y lo recuerdo muy vivo.

Afortunadamente, no lo recuerdo muerto.

Por eso, en este día del padre que tanto odio, aprovecho para, por primera vez en 16 años, hacerle un homenaje a ese gran ser humano que siempre está conmigo, con una
de sus canciones favoritas -y de paso explicar mi obsesión con este cantante.

viernes, 18 de junio de 2010

68 años

Hoy hace 68 años nació Sir James Paul McCartney.

Ese es un motivo suficiente para celebrar.

Desgraciadamente, yo he tenido un día difícil y no quiero festejar: problemas familiares, fotos que no debo ver (y las sigo viendo), morbo que te lleva al enojo y al coraje; estómago hecho mierda; dieta radicalmente blanda

(De paso. Me choca que la gente escriba "te amo mucho" o escribes "te amo" o escribes "te amo tanto" o "te quiero mucho" pero -según mi amargada opinión- "te amo mucho" es un ultraje ortográfico. Y un derroche de cursilería terrible)

Conclusión: I should cancel my facebook account.

Pero quien quiera que esté leyendo esto debe hacer todo lo contrario. Debe levantarse y poner Martha My Dear o Helter Skelter o Hello Goodbye o All my loving o Live and Let Die o Another Day o Fine Line o Your Mother Should Know o I Saw Her Standing There o Here, There and Everywhere o Golden Slumbers o Maybe I'm Amazed. Una. La que sea. O todas juntas. A todo volumen. Y conmoverse. Seguir emocionandose con el gol del Chicharito. Con el penal perfecto del Cuau. Con la breve alegría de esos 90 minutos que valen todo.

And anytime you feel the pain, hey Jude refrain, don't carry the world upon your shoulders.

domingo, 13 de junio de 2010

ya es domingo

Y tengo algunas opiniones, mundialistas y no :

1. Ayer por fin ya salí de mi casa. Me sigue doliendo la panza, sigo alimentándome de manzanas cocidas y arroz y el antibiótico me sigue cayendo de la chingada pero ya no estoy como si un camión me hubiera atropellado y ya no tengo fiebre. Lo bueno es que adelgacé, lo malo es que ahora tengo pánico de comer otra cosa que no sea pollo hervido.

2. México empató de la manera más pinche posible. Bueno, no. La manera más pinche posible hubiera sido un autogol, o que Torrado saliera con alguna mamada y marcaran penal, pero igual resulta pinche que de 14 remates que tuvo México en el partido inaugural (5 tiros directos a la portería, 7 desviados y solamente 2 detenidos por el portero sudafricano) ni UNO haya entrado. el Guille no debe ser titular. El portero de 37 años no debe ser titular. Guardado debe ser titular. Chicharito también. No sirve de nada que jueguen chingón ni que tiren sin parar si no logran meter el balón en esa portería. Pésimo sabor de boca para primer partido. Me la pasé rezando todo el Francia- Uruguay para que empataran a ceros. Tengo miedo del jueves. Sufro mucho en el Mundial.

3. Pobre Robert Green, ahora apodado por el Sunday Mirror "Hand of Clod". No me gustaría haber sido él ayer en la tarde. Tampoco me gustaría ser él cuando regrese a Inglaterra. Al parecer los publicistas de Nike si escribieron el futuro, na más que se equivocaron de personaje.

4. Argentina no se. Mucho show, mucha figura pero Nigeria se le puso al brinco. Con todo y que tengo grandes amigos argentinos y que amo sin control a Lionel Messi, me hubiera gustado ver ganar a Nigeria.

5. Alemania dio cátedra de buenas jugadas.

6. Decía que ayer salí de mi casa. Me di cuenta de que soy una ñoña. Esperense ¿yo escribí eso?? IMPOSIBLE!. Déjenme corrijo. Otra vez. Me di cuenta de que soy una nerd. Una nerd y una geek. Me llevaron a Star Wars en concierto y estuvo increíble. Sí, soy muy fan de la saga Star Wars -dar click aquí para ver una antigua muestra de mi fanatismo- mi perro se llama Chewbacca y fui a la función de medianoche cuando estrenaron las tres películas de la precuela pero estoy en pañales estelares comparada con algunos de los que fueron anoche al Auditorio Nacional porque ni llegué disfrazada de Reina Amidala ni se distinguir entre los emblemas de la Alianza Rebelde y la Guardia Imperial, es más, no sabía que había libros de emblemas del universo Star Wars.

Anoche me llamaron la atención algunas cosas:

- La cantidad de banda que se disfrazó. Si, había chavitos -todos muy cagados- disfrazados de Princesa Leia o con máscara de Darth Vader pero la mayoría de los disfrazados eran gueyes más grandes que yo, lo cual me parece algo muy cagado e interesante. Digo, seguro no es nada del otro mundo, y si fuera una asistente asidua a eventos del tipo Comic-Con no me sorprendería en lo absoluto ver a un señor de cincuenta y tantos con un disfraz perfecto de Obi-Wan Kenobi cuando no era Maestro Jedi (con todo y trencita) pero como soy una turista que sale poco de su rancho me sorprende muchísimo ver tanto guey y chica disfrazado de Jedi, el atuendo más popular entre los disfrazados. Era como estar en el set del Episodio II sin Hayden Christensen.

- La cantidad de niños emocionados con Star Wars. El episodio IV de Star Wars se estrenó en 1977. Yo todavía ni existía en la cabeza de mis papás, es más, creo que mis papás todavía ni se casaban. El episodio I se estrenó 22 años después, en 1999. En la fila de atrás se sentó un séquito de 7 chavitos, todos entre 8 y 11 años, 5 disfrazados de caballero Jedi con sus lightsabers, uno de Yoda y otro de Stormtrooper. El más chavito tenía 3 años cuando se estrenó el Episodio III... 3 años!!!!!.

Nunca va a dejar de impresionarme que una película que se estrenó hace 33 años siga siendo un fenómeno cultural capaz de hacer que 10 mil personas (20 mil personas, para ser exactos, porque hubo otra función antes y las dos estaban sold out) griten como adolescentes cuando aparece en una pantalla la frase "A long time ago in a galaxy far, far away". Y luego escuchas el inicio del tema principal, sale el logo de Star Wars y la gente ya estaba vuelta loca.

- Lo chingón que es escuchar el score de John Williams en vivo. Se te pone la piel chinita. John Williams es un chingón.

- La eficacia del leitmotif en la saga, sobre todo el de la Marcha Imperial. Ayer, en la euforia del show decidí que la escena que más me emociona es una del Episodio III, cuando terminan de operar a Anakin, se va levantando la plancha, aparece Anakin ya convertido en Darth Vader y se escucha la Marcha Imperial. Evil at his best.

- Lo importante que es George Lucas y estas películas para la historia del cine. Neta que no se puede concebir el cine actual sin George Lucas. Creo que cualquiera que no reconozca la trascendencia de Star Wars -sobre todo de la primera trilogía- merece que se le prohiba la entrada a un cine por el resto de sus días. He dicho.

7. Dicen que el concierto de Café Tacvba en el Infield estuvo cabrón. Dicen que la tormenta que cayó mientras tocaban Eres fue épica. Arráncate el corazón para comérmelo a besos, cantó el profesor.

viernes, 11 de junio de 2010

Sudáfrica 2010

Entre un ciclo mundialista y otro pasan cualquier cantidad de cosas. Por ejemplo, para el momento en que comenzó Alemania 2006 yo estaba enamorada cual adolescente. El amor me duró todo el ciclo mundialista, con sus altas y bajas.
Ahora, en Sudáfrica 2010, estoy sola, justo en la pesada y complicada etapa de reconstrucción. Comenzando de nuevo. Tranquila.

Y ustedes?
Ojalá hoy gane México. Ojalá veamos mucho futbol del bueno.

El mundial es como la navidad. Espero que todos tengan un bonito mundial.

miércoles, 9 de junio de 2010

tifoidea 2

Aquí sigo. Mejor que el domingo y que el lunes y que ayer. Todavía me duele la panza y siento como si me hubieran metido en un costal y me hubieran agarrado a madrazos. Bueno, en realidad no se como se siente eso, pero supongo que así de horrible se debe sentir.

Mi doctor Luis Salazar me tiene totalmente dopada. Lo de Cerati me bajoneó pero pasado mañana empieza el mundial y eso me llena de felicidad, además hoy amanecí con una gran noticia. GRAN GRAN noticia:

Los PIXIES tocan en México el 17 de octubre.

LalaPixieslovesme

martes, 8 de junio de 2010

Haití: second round

Si. Lo se. El escenario ideal hubiera sido actuar como la gente normal y escribir un post todos los días, justo al terminar el día e intentar publicarlos tan pronto fuera posible. Una persona normal se hubiera llevado una laptop o macbook o notebook o un cuaderno y hubiera escrito disciplinadamente cada noche o cuando las cosas sucedieran. Y más si te pasas seis días en un barco sin mucho que hacer.

Pero yo no soy una persona normal. No me lleve más que mi agenda Moleskine y escribí muy poco. Estoy preocupada. Pensé que mi "inspiración" estaba de vuelta y nel, me equivoqué. Sigue igual de desaparecida y es una tragedia. De repente siento que me ahogo y no puedo escribir.

Como ya se sabe, fui nuevamente a Haití y haré mi mejor intento por recobrar mis pocas notas y contar lo que sucedió.

Despertarse a las 3 de la mañana es una mentada de madre. Mientras venía en el taxi me di cuenta de que no llevo ni un mes sin ver a esa personita y me ha parecido una eternidad. Supongo que sobrellevar la ausencia obligada suele ser complicado pero que un día me voy a despertar y ya no voy a sentir nada. El vuelo, a diferencia del pasado, venía casi vacío. Que maravilla no tener que aguantar a señoras que no paran de platicar mamadas (soy una amargada). Me tocó sentarme en una fila para mi solita pero no pude dormir mucho porque el final de Lost me dejó traumada y la alergia me pegó cabrón, hasta me dolía la nariz. Llegamos a Miami. El joven del CBP me interrogó como nunca me habían interrogado, hasta tuve que identificarme como oficial de migración... "Are you armed, Miss? Oh no, of course I'm not and it's a shame..." (por supuesto que al gringo no le cayó nada en gracia mi chiste). Al resto de mis compañeros les tocó el hispano cagado que te habla en español y a mi el mamón que no me dejaba pasar. Y luego el traductor. Nuestro traductor es un chavo haitiano que vive en México como de 24 años a toda madre al que se le hizo buena idea empacar su navaja enorme junto con sus hojas de afeitar en su equipaje de mano. Ahí les encargo el pedo en el filtro de los zapatos, de milagro no nos encerraron a los tres (el traductor, Nina y yo) en el cuartito de los sospechosos. Lo preocupante es que en México ni se enteraron. Estamos buenos para revisar las maletas.

Cuatro largas horas en el Miami International Airport fueron pocas para mi espíritu compulsivo de compra. Que bueno -de verdad- que cuando estuve en San Antonio no llevaba lana, neta hubiera enloquecido. Entré a Borders y me llevé todo lo que podía cargar: la trilogía Millenium de Stieg Larsson (me urge saber por qué el mundo está loco por esos libros), la Vanity Fair con la portada de Cristiano Ronaldo y Drogba en calzones (cualquiera que no reconozca que Ronaldo se cae de bueno es porque está ciego), la Rolling Stone del aniversario del Exile on Main Street de los Stones (yujuuuuu Rocks off), la Q con Paul McCartney en la portada y en todos los artículos (para echarle más limón a la herida), el dvd de Where The Wild Things Are (que no he visto y espero no me decepcione), Interviews by Rolling Stone y una novela de Nick Hornby que me recomendó la vendedora, se llama Slam y cuando me subí al avión leí que se trata de un guey que embaraza a su novia por error. Las novias embarazadas por error me persiguen. Que bueno que también me compré ochocientos Toblerones, Twizzlers y Doritos, los voy a necesitar si empiezo a leer ese libro.

El vuelo a Port Au Prince tranquilo. Me encanta el quesito cheddar que dan los de American Airlines como botana, me recuerda al quesito Mio (¿alguien recuerda el quesito Mio? seguro rumorology y ginger si) y también te dan un toblerone. Y ponen 30 Rock y The Office. Te consienten tanto que se te olvida a donde vas. Llegamos al aeropuerto Toussaint Louverture y en vez de militares nos recibió una banda tocando copá (la música típica haitiana). La recepción fue menos caótica que en el viaje anterior, excepto porque mi maleta fue la última en aparecer y ya me estaba dando un paro cardiaco. Ya no hay militares en el aeropuerto, lo que me hace pensar que las cosas están volviendo poco a poco a la normalidad.

El Cónsul ahora si trajo dos camionetas -traíamos a tres nuevos integrantes en la delegación y no tuve que viajar en las piernas de nadie- y nos llevó a comer a la MINUSTAH. Para quien no lo sepa, la MINUSTAH es la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilidad en Haití, la cual lleva ya seis años operando en Haití, empezaron justo después del conflicto armado que derrocó a Jean-Bertrand Aristide en el 2004. Algunos datos duros: la MINUSTAH se integra por 10,565 uniformados, 8,304 soldados, 2,261 policías de Naciones Unidas, 471 civiles de distintas nacionalidades, 1,235 civiles locales y 207 voluntarios de Naciones Unidas y su objetivo principal es mantener la paz y la estabilidad en Haití. En un inicio, su tarea fue vigilar que el proceso de cambio de gobierno fuera transparente y pacífico, después se consideró necesaria su presencia para contribuir al desarme de la población y colaborar en la manutención de un clima político estable. Ahora, con el terremoto, han adquirido otras funciones, como intentar mantener el orden en un lugar con gobierno y edificios colapsados -y en el que es muy difícil determinar qué está más colapsado: si el gobierno o la ciudad.

El restaurante de la MINUSTAH se llama The Deck y se come demasiado bien. Lo más cerca que había estado de la ONU fue una vez que tuve que llevar un sobre a las oficinas de la ONU en México y llegué hasta la recepción. Este lugar es otro pedo. Entras al Deck y hay gente hablando en seis idiomas diferentes, hasta el menú es internacional: carne traída directamente de Brasil, baguettes con pan y jamón importados de Francia, pastel de choclo, platos libaneses y -obviamente- cervezas mexicanas. Entrar es como entrar a un país totalmente diferente pero dentro de Haití. Quise quedarme a trabajar aquí.

Después de relajarnos un rato, comer calamares empanizados, cus cus y tomar cerveza haitiana, llamada Prestige, nos pusimos a buscar hotel, porque el traslado de dos horas al puerto fue descartado. Nos llevaron al Hotel Plaza, a dos cuadras de donde sería el operativo, justo enfrente del campamento instalado en Champ Mars (el campo marte, que no es otra cosa que la plaza donde está el Palacio de Gobierno, si, ese que salió en las fotos de todos los periódicos). El mismo trámite que con la MINUSTAH: polvo, escombros, polvo, escombros, cruzas una puerta y te encuentras en un lugar por el que nunca pasó un terremoto. Árboles, alberca y música en el bar, eso si, repleto de extranjeros con radios, mapas, planos, cara de que no se han bañado en tres días y botas llenas de polvo. También quise quedarme a trabajar ahí, con alguno de ellos. No hubo habitación disponible y terminamos en la Embajada de México en un catre.

Port Au Prince de noche parece pesadilla. Es en serio que no hay ni medio farol en la calle. Solamente se ven las lamparitas y velas de los campamentos/campos de concentración. Y huele a carbón.

Jueves 27: nos despertamos a las 5 de la mañana. Estaba tan cansada que ni me enteré de que dormí en un catre. En la regadera del baño de la Embajada casi no sale agua y la poca que sale está helada. Medio me baño. Vengo con dos chicas más, una me cae perfecto, la otra no tanto. Pasan por nosotros, bajamos maletas, subimos maletas, recorremos el campo marte, tomamos fotos, los niños caminan hacia sus escuelas, demasiada actividad para ser tan temprano.

Comienza el operativo. Será diferente al anterior, en vez de pasar una lista e ir llenando camiones, intentaremos pasar seis listas al mismo tiempo. Se juntan las personas con maletas. Es obvio que el rumor de que el viaje en barco está chido ya se corrió. También se corrió el rumor de que yo soy la dueña de la lista. Tuve que decir NO muchas veces, demasiadas. Sigue siendo una putada tener que jugar a ser dios y decidir el futuro de estas personas. A las 11 am estamos listos para partir hacia el puerto. Veníamos por 365 personas, traemos como 200. El camión se fue por los peores lugares de Port Au Prince: el centro y Cite Soleil (en el viaje anterior rodeamos ese barrio, ahora lo estamos atravesando). Escombros, escombros, postes de luz casi en el piso, filas realmente interminables en el Banco Central haitiano para recoger envíos de Western Union. Pasamos por el mercado central, es un caos, hay tanto tráfico que el camión se queda parado frente al mercado más de 15 minutos. La entrada del mercado luce un orgulloso letrero que deja constancia de la "benevolencia" del Comandante Chávez Frías y su revolución bolivariana. Los techos tienen las palabras Haití y Venezuela pintados. Se ven las ocho estrellas por todas partes, pero las espinacas las venden en el piso lleno de lodo. Y la ropa de segunda mano. La pobreza que se ve en este lugar es impactante. Seguimos atorados en el tráfico; el coche de al lado viene en sentido contrario, se aparece la policía motorizada, uno de los oficiales se para junto al coche y le corta cartucho al conductor. Son casi las 12 del día y aquí ya andan cortando cartuchos. O no hay policías o los que hay son de terror.

Llegamos a la Cementera, hay unos niños afuera de la cancha de fútbol de la Cementera y les tomé una foto increíble.



En mi camión viene un sacerdote vudú, estaría padre que me contara un poco de lo que hace. Nos reencontramos con el Comandante, los tenientes, los de la Embajada. Ni parece que haya pasado un mes. Comenzamos con el filtro, encontramos a 12 personas con documentos falsos o robándose identidades. Hasta el guey que nos persiguió en una moto hasta acá quería entrar con un nombre falso. Ya cuando estábamos en el barco, a punto de zarpar, encontramos a una señora con un acta de nacimiento falsa, tachada con liquid paper. Chale. La ayuda humanitaria de repente pierde sentido porque al ser humano le cuesta un chingo dejar de ser gandalla. Estoy deprimida. Me duelen los pies. Son las 12 de la noche y me acabo de dar cuenta de que no voy a ver a Paul McCartney. Puse Band on the Run a todo volumen. Chale otra vez.

Es viernes 28 y ya estamos navegando. Tuve diarrea todo el puto día y me siento pésimo (i) fue el agua empaquetada que compré ayer en Port Au Prince o (ii) fue la salsa que le puse ayer a la carne asada. Desayuné huevo salado, muy salado. El teniente guacala-que-rico medio me voltea a ver y me emociono como chavita. Me fui a acostar después de pasar la lista. Este grupo de haitianos es muy raro, como que no se integra. Estoy incomoda. El capitán está de malas. El barco no ha parado de moverse. Me quedé dormida a medio partido de fútbol y el capitán mandó a un camarero a tocar la puerta y ver si seguía viva. Me levanté. Hice bien porque el atardecer ha sido uno de los más chingones que he visto en mi vida.





Es sábado 29, me desperté a las 7:30 y me aventuré a desayunar las enchiladas, a ver si al rato no me quiebro. Son las 12:45 del día, me volví a dormir, nadie me despertó para pasar lista y acabo de abrir el ojo. En efecto, me duele la panza. Soñé con ese guey, un partido de jaguares y una tienda de comics. Me di cuenta de que lo extraño pero que casi nunca pienso en él. Me bañé, me puse rimel y me senté a comer con todos los tenientes. Secretamente me gusta ser su centro de atención. Nina habla francés y todo el tiempo está con los haitianos, yo debo confesar que estoy un poquito decepcionada por todo el asunto de los colados, los polizontes y los documentos falsos. Subí a ver el atardecer, otra vez increíble, estaba el teniente guacala-que-rico en el puente y tomó miles de fotos. Me dijo que tenía un pelo increíble y me puse toda roja como niña de primaria. nos dieron huevo de cenar. No se que pasa con los menus de estos señores, van a acabar con lo que queda de mi estómago.

El domingo fue un día muy extraño. Medio vimos el partido de la selección, cheleamos. Tomé tequila y canté canciones de José José, hasta imité a Lucerito. A ver si así se me quita la diarrea, el retortijón y todo lo demás. Platiqué horas con Guacala-que-rico y oh decepción, no sólo está casado, tiene dos hijos y adivinen que... se casó porque embarazó a su novia. Ya. Es de risa. Son las 12 de la noche, pasamos frente a Progreso y ya tenemos señal. Me cayeron todos los mails y las notificaciones de facebook y de twitter. There he was. Me salió una sonrisa y luego se me quitó.

Lunes: ya ni cuento lo mal que está mi pobre panza. Me gustaría dejar de sentir esta necesidad de estar en otra parte. O se me quita o voy a enloquecer. El sacerdote vudú le contó a Nina sus teorías de que el mundo efectivamente se termina en el 2012. Habrá que tener hijos en chinga. Vi Precious, vaya dramón, no se si se merecía estar nominada para tanto premio porque como película es lo más normal. Lo que si es que M'onique se merece todos y cada uno de los premios y reconocimientos que le dieron.

Martes: hoy es Día de la Marina y ya estamos fondeados. Mi jefe llegó a Veracruz y al capitán se le ocurrió mandarnos a Nina y a mi a recogerlo en el lanchón. Y también mandó a Guacala-que-rico, quien salió vestido de civil y ufffffffff. Que necesidad. El trayecto de ida estuvo chingón, la lancha casi ni se movió. Aproveché la tierra firme y me tomé un lechero en la Parroquía. Que rico comer en Veracruz. De regreso, de lo peor, me mareé todo lo que no me he mareado en mis 13 días de navegación. Lo chingón es que Guacala-que-rico me enseñó a manejar la lancha. Tuve que bajar por una de esas escaleras de cuerda pegadas al barco y subir por una escalera voladora. No estoy hecha para esto. Los haitianos organizaron cantarle el happy birthday en francés a toda la tripulación. Pescaron un dorado y nos lo comimos en axiote. Me sigue cayendo todo mal y ya me preocupé. Al teniente Macchetto se le ocurrió sacar la champaña y el whisky y nos empedamos, pero el gusto no nos duró mucho porque a las 5 de la mañana teníamos que estar despiertos para zafarrancho de atraco. Maccheto obvio no se despertó. Yo si porque el camarero tiró mi puerta a golpes, al final dormí una hora y media y me estuve muriendo durante toda la bienvenida y el traslado a Mexique.

Llegué a México y me topé otra vez con las caras de felicidad de la gente que recibe a sus familiares. Hubo una señora en particular, Ileana Baptiste, que me hizo llorar con lo que me dijo. Trajimos a sus dos hijos, de 10 y 8 años, tenía 3 años de no verlos. Nada más por esos pequeños minutos de agradecimiento todo: la diarrea, el polvo, las pocas horas de sueño, el movimiento del barco, TODO esto vale la pena.

Me dio miedo darme cuenta de que durante estos dos viajes es cuando más feliz he estado en el año. Me quiero ir a trabajar a Haití.

lunes, 7 de junio de 2010

tifoidea




He aquí, damas y caballeros, a la culpable de que pueda anotar en mi lista de enfermedades y afecciones varias a la Tifoidea.