martes, 8 de junio de 2010

Haití: second round

Si. Lo se. El escenario ideal hubiera sido actuar como la gente normal y escribir un post todos los días, justo al terminar el día e intentar publicarlos tan pronto fuera posible. Una persona normal se hubiera llevado una laptop o macbook o notebook o un cuaderno y hubiera escrito disciplinadamente cada noche o cuando las cosas sucedieran. Y más si te pasas seis días en un barco sin mucho que hacer.

Pero yo no soy una persona normal. No me lleve más que mi agenda Moleskine y escribí muy poco. Estoy preocupada. Pensé que mi "inspiración" estaba de vuelta y nel, me equivoqué. Sigue igual de desaparecida y es una tragedia. De repente siento que me ahogo y no puedo escribir.

Como ya se sabe, fui nuevamente a Haití y haré mi mejor intento por recobrar mis pocas notas y contar lo que sucedió.

Despertarse a las 3 de la mañana es una mentada de madre. Mientras venía en el taxi me di cuenta de que no llevo ni un mes sin ver a esa personita y me ha parecido una eternidad. Supongo que sobrellevar la ausencia obligada suele ser complicado pero que un día me voy a despertar y ya no voy a sentir nada. El vuelo, a diferencia del pasado, venía casi vacío. Que maravilla no tener que aguantar a señoras que no paran de platicar mamadas (soy una amargada). Me tocó sentarme en una fila para mi solita pero no pude dormir mucho porque el final de Lost me dejó traumada y la alergia me pegó cabrón, hasta me dolía la nariz. Llegamos a Miami. El joven del CBP me interrogó como nunca me habían interrogado, hasta tuve que identificarme como oficial de migración... "Are you armed, Miss? Oh no, of course I'm not and it's a shame..." (por supuesto que al gringo no le cayó nada en gracia mi chiste). Al resto de mis compañeros les tocó el hispano cagado que te habla en español y a mi el mamón que no me dejaba pasar. Y luego el traductor. Nuestro traductor es un chavo haitiano que vive en México como de 24 años a toda madre al que se le hizo buena idea empacar su navaja enorme junto con sus hojas de afeitar en su equipaje de mano. Ahí les encargo el pedo en el filtro de los zapatos, de milagro no nos encerraron a los tres (el traductor, Nina y yo) en el cuartito de los sospechosos. Lo preocupante es que en México ni se enteraron. Estamos buenos para revisar las maletas.

Cuatro largas horas en el Miami International Airport fueron pocas para mi espíritu compulsivo de compra. Que bueno -de verdad- que cuando estuve en San Antonio no llevaba lana, neta hubiera enloquecido. Entré a Borders y me llevé todo lo que podía cargar: la trilogía Millenium de Stieg Larsson (me urge saber por qué el mundo está loco por esos libros), la Vanity Fair con la portada de Cristiano Ronaldo y Drogba en calzones (cualquiera que no reconozca que Ronaldo se cae de bueno es porque está ciego), la Rolling Stone del aniversario del Exile on Main Street de los Stones (yujuuuuu Rocks off), la Q con Paul McCartney en la portada y en todos los artículos (para echarle más limón a la herida), el dvd de Where The Wild Things Are (que no he visto y espero no me decepcione), Interviews by Rolling Stone y una novela de Nick Hornby que me recomendó la vendedora, se llama Slam y cuando me subí al avión leí que se trata de un guey que embaraza a su novia por error. Las novias embarazadas por error me persiguen. Que bueno que también me compré ochocientos Toblerones, Twizzlers y Doritos, los voy a necesitar si empiezo a leer ese libro.

El vuelo a Port Au Prince tranquilo. Me encanta el quesito cheddar que dan los de American Airlines como botana, me recuerda al quesito Mio (¿alguien recuerda el quesito Mio? seguro rumorology y ginger si) y también te dan un toblerone. Y ponen 30 Rock y The Office. Te consienten tanto que se te olvida a donde vas. Llegamos al aeropuerto Toussaint Louverture y en vez de militares nos recibió una banda tocando copá (la música típica haitiana). La recepción fue menos caótica que en el viaje anterior, excepto porque mi maleta fue la última en aparecer y ya me estaba dando un paro cardiaco. Ya no hay militares en el aeropuerto, lo que me hace pensar que las cosas están volviendo poco a poco a la normalidad.

El Cónsul ahora si trajo dos camionetas -traíamos a tres nuevos integrantes en la delegación y no tuve que viajar en las piernas de nadie- y nos llevó a comer a la MINUSTAH. Para quien no lo sepa, la MINUSTAH es la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilidad en Haití, la cual lleva ya seis años operando en Haití, empezaron justo después del conflicto armado que derrocó a Jean-Bertrand Aristide en el 2004. Algunos datos duros: la MINUSTAH se integra por 10,565 uniformados, 8,304 soldados, 2,261 policías de Naciones Unidas, 471 civiles de distintas nacionalidades, 1,235 civiles locales y 207 voluntarios de Naciones Unidas y su objetivo principal es mantener la paz y la estabilidad en Haití. En un inicio, su tarea fue vigilar que el proceso de cambio de gobierno fuera transparente y pacífico, después se consideró necesaria su presencia para contribuir al desarme de la población y colaborar en la manutención de un clima político estable. Ahora, con el terremoto, han adquirido otras funciones, como intentar mantener el orden en un lugar con gobierno y edificios colapsados -y en el que es muy difícil determinar qué está más colapsado: si el gobierno o la ciudad.

El restaurante de la MINUSTAH se llama The Deck y se come demasiado bien. Lo más cerca que había estado de la ONU fue una vez que tuve que llevar un sobre a las oficinas de la ONU en México y llegué hasta la recepción. Este lugar es otro pedo. Entras al Deck y hay gente hablando en seis idiomas diferentes, hasta el menú es internacional: carne traída directamente de Brasil, baguettes con pan y jamón importados de Francia, pastel de choclo, platos libaneses y -obviamente- cervezas mexicanas. Entrar es como entrar a un país totalmente diferente pero dentro de Haití. Quise quedarme a trabajar aquí.

Después de relajarnos un rato, comer calamares empanizados, cus cus y tomar cerveza haitiana, llamada Prestige, nos pusimos a buscar hotel, porque el traslado de dos horas al puerto fue descartado. Nos llevaron al Hotel Plaza, a dos cuadras de donde sería el operativo, justo enfrente del campamento instalado en Champ Mars (el campo marte, que no es otra cosa que la plaza donde está el Palacio de Gobierno, si, ese que salió en las fotos de todos los periódicos). El mismo trámite que con la MINUSTAH: polvo, escombros, polvo, escombros, cruzas una puerta y te encuentras en un lugar por el que nunca pasó un terremoto. Árboles, alberca y música en el bar, eso si, repleto de extranjeros con radios, mapas, planos, cara de que no se han bañado en tres días y botas llenas de polvo. También quise quedarme a trabajar ahí, con alguno de ellos. No hubo habitación disponible y terminamos en la Embajada de México en un catre.

Port Au Prince de noche parece pesadilla. Es en serio que no hay ni medio farol en la calle. Solamente se ven las lamparitas y velas de los campamentos/campos de concentración. Y huele a carbón.

Jueves 27: nos despertamos a las 5 de la mañana. Estaba tan cansada que ni me enteré de que dormí en un catre. En la regadera del baño de la Embajada casi no sale agua y la poca que sale está helada. Medio me baño. Vengo con dos chicas más, una me cae perfecto, la otra no tanto. Pasan por nosotros, bajamos maletas, subimos maletas, recorremos el campo marte, tomamos fotos, los niños caminan hacia sus escuelas, demasiada actividad para ser tan temprano.

Comienza el operativo. Será diferente al anterior, en vez de pasar una lista e ir llenando camiones, intentaremos pasar seis listas al mismo tiempo. Se juntan las personas con maletas. Es obvio que el rumor de que el viaje en barco está chido ya se corrió. También se corrió el rumor de que yo soy la dueña de la lista. Tuve que decir NO muchas veces, demasiadas. Sigue siendo una putada tener que jugar a ser dios y decidir el futuro de estas personas. A las 11 am estamos listos para partir hacia el puerto. Veníamos por 365 personas, traemos como 200. El camión se fue por los peores lugares de Port Au Prince: el centro y Cite Soleil (en el viaje anterior rodeamos ese barrio, ahora lo estamos atravesando). Escombros, escombros, postes de luz casi en el piso, filas realmente interminables en el Banco Central haitiano para recoger envíos de Western Union. Pasamos por el mercado central, es un caos, hay tanto tráfico que el camión se queda parado frente al mercado más de 15 minutos. La entrada del mercado luce un orgulloso letrero que deja constancia de la "benevolencia" del Comandante Chávez Frías y su revolución bolivariana. Los techos tienen las palabras Haití y Venezuela pintados. Se ven las ocho estrellas por todas partes, pero las espinacas las venden en el piso lleno de lodo. Y la ropa de segunda mano. La pobreza que se ve en este lugar es impactante. Seguimos atorados en el tráfico; el coche de al lado viene en sentido contrario, se aparece la policía motorizada, uno de los oficiales se para junto al coche y le corta cartucho al conductor. Son casi las 12 del día y aquí ya andan cortando cartuchos. O no hay policías o los que hay son de terror.

Llegamos a la Cementera, hay unos niños afuera de la cancha de fútbol de la Cementera y les tomé una foto increíble.



En mi camión viene un sacerdote vudú, estaría padre que me contara un poco de lo que hace. Nos reencontramos con el Comandante, los tenientes, los de la Embajada. Ni parece que haya pasado un mes. Comenzamos con el filtro, encontramos a 12 personas con documentos falsos o robándose identidades. Hasta el guey que nos persiguió en una moto hasta acá quería entrar con un nombre falso. Ya cuando estábamos en el barco, a punto de zarpar, encontramos a una señora con un acta de nacimiento falsa, tachada con liquid paper. Chale. La ayuda humanitaria de repente pierde sentido porque al ser humano le cuesta un chingo dejar de ser gandalla. Estoy deprimida. Me duelen los pies. Son las 12 de la noche y me acabo de dar cuenta de que no voy a ver a Paul McCartney. Puse Band on the Run a todo volumen. Chale otra vez.

Es viernes 28 y ya estamos navegando. Tuve diarrea todo el puto día y me siento pésimo (i) fue el agua empaquetada que compré ayer en Port Au Prince o (ii) fue la salsa que le puse ayer a la carne asada. Desayuné huevo salado, muy salado. El teniente guacala-que-rico medio me voltea a ver y me emociono como chavita. Me fui a acostar después de pasar la lista. Este grupo de haitianos es muy raro, como que no se integra. Estoy incomoda. El capitán está de malas. El barco no ha parado de moverse. Me quedé dormida a medio partido de fútbol y el capitán mandó a un camarero a tocar la puerta y ver si seguía viva. Me levanté. Hice bien porque el atardecer ha sido uno de los más chingones que he visto en mi vida.





Es sábado 29, me desperté a las 7:30 y me aventuré a desayunar las enchiladas, a ver si al rato no me quiebro. Son las 12:45 del día, me volví a dormir, nadie me despertó para pasar lista y acabo de abrir el ojo. En efecto, me duele la panza. Soñé con ese guey, un partido de jaguares y una tienda de comics. Me di cuenta de que lo extraño pero que casi nunca pienso en él. Me bañé, me puse rimel y me senté a comer con todos los tenientes. Secretamente me gusta ser su centro de atención. Nina habla francés y todo el tiempo está con los haitianos, yo debo confesar que estoy un poquito decepcionada por todo el asunto de los colados, los polizontes y los documentos falsos. Subí a ver el atardecer, otra vez increíble, estaba el teniente guacala-que-rico en el puente y tomó miles de fotos. Me dijo que tenía un pelo increíble y me puse toda roja como niña de primaria. nos dieron huevo de cenar. No se que pasa con los menus de estos señores, van a acabar con lo que queda de mi estómago.

El domingo fue un día muy extraño. Medio vimos el partido de la selección, cheleamos. Tomé tequila y canté canciones de José José, hasta imité a Lucerito. A ver si así se me quita la diarrea, el retortijón y todo lo demás. Platiqué horas con Guacala-que-rico y oh decepción, no sólo está casado, tiene dos hijos y adivinen que... se casó porque embarazó a su novia. Ya. Es de risa. Son las 12 de la noche, pasamos frente a Progreso y ya tenemos señal. Me cayeron todos los mails y las notificaciones de facebook y de twitter. There he was. Me salió una sonrisa y luego se me quitó.

Lunes: ya ni cuento lo mal que está mi pobre panza. Me gustaría dejar de sentir esta necesidad de estar en otra parte. O se me quita o voy a enloquecer. El sacerdote vudú le contó a Nina sus teorías de que el mundo efectivamente se termina en el 2012. Habrá que tener hijos en chinga. Vi Precious, vaya dramón, no se si se merecía estar nominada para tanto premio porque como película es lo más normal. Lo que si es que M'onique se merece todos y cada uno de los premios y reconocimientos que le dieron.

Martes: hoy es Día de la Marina y ya estamos fondeados. Mi jefe llegó a Veracruz y al capitán se le ocurrió mandarnos a Nina y a mi a recogerlo en el lanchón. Y también mandó a Guacala-que-rico, quien salió vestido de civil y ufffffffff. Que necesidad. El trayecto de ida estuvo chingón, la lancha casi ni se movió. Aproveché la tierra firme y me tomé un lechero en la Parroquía. Que rico comer en Veracruz. De regreso, de lo peor, me mareé todo lo que no me he mareado en mis 13 días de navegación. Lo chingón es que Guacala-que-rico me enseñó a manejar la lancha. Tuve que bajar por una de esas escaleras de cuerda pegadas al barco y subir por una escalera voladora. No estoy hecha para esto. Los haitianos organizaron cantarle el happy birthday en francés a toda la tripulación. Pescaron un dorado y nos lo comimos en axiote. Me sigue cayendo todo mal y ya me preocupé. Al teniente Macchetto se le ocurrió sacar la champaña y el whisky y nos empedamos, pero el gusto no nos duró mucho porque a las 5 de la mañana teníamos que estar despiertos para zafarrancho de atraco. Maccheto obvio no se despertó. Yo si porque el camarero tiró mi puerta a golpes, al final dormí una hora y media y me estuve muriendo durante toda la bienvenida y el traslado a Mexique.

Llegué a México y me topé otra vez con las caras de felicidad de la gente que recibe a sus familiares. Hubo una señora en particular, Ileana Baptiste, que me hizo llorar con lo que me dijo. Trajimos a sus dos hijos, de 10 y 8 años, tenía 3 años de no verlos. Nada más por esos pequeños minutos de agradecimiento todo: la diarrea, el polvo, las pocas horas de sueño, el movimiento del barco, TODO esto vale la pena.

Me dio miedo darme cuenta de que durante estos dos viajes es cuando más feliz he estado en el año. Me quiero ir a trabajar a Haití.

7 comentarios:

  1. No sé, por lo que leo, y te leo desde hace muchos meses, siento que eres afortunada, porque te pasan un montón de cosas y las vives al 100 (las buenas y las malas), no andas en automático. Estás linda, llevas una relación increíble con la música y el fútbol, tienes muchos amigos, la llevas bien con tu familia, trabajas en algo que te gusta y que te permite ayudar a la gente, escribes con garra y hasta tomas buenas fotos. Por eso, por la suma de todo lo anterior, te digo que: YA ES TIEMPO DE QUE TE DEJES DE MAMADAS Y TRISTEZAS, O ¿NO?

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  2. anónimo: wow! gracias! pues si, en eso estoy

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  3. por cierto, cuantas veces iras a haiti?

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  4. amo como narras y lo que narras, me dejas con la boca abierta, eres afortunada porque las experiencias que has vivido solo muy muy pocos tienen la oportunidad de tenerlas, la verdad me da envidia y me encantaria hacer lo que tu haces, todo en el buen sentido claro!!saludos mon, felicidades

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  5. I appreciate your PO very much the picture with the article. Continues to refuel!!

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  6. Desgraciadamente, este fue mi segundo y último viaje a Haití.

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  7. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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