Ni se hagan. Cualquiera que sea fanático del buen futbol tiene una relación enfermiza con la selección albiceleste. No puedes dejar de reconocer que saben moverse, que son unos chingones con el balón, que hacen unas jugadas de ensueño, que tienen precisión, alcance, que Messi es conmovedor y, al mismo tiempo, los odias.
Parece ser que cada cuatro años los tenemos que odiar aun más.
¨No temas querida, los valientes pelean cuando saben que no hay esperanza", decía el mensaje recibido en el Whatsapp a las 13:39. Apoyo incondicional a 3 mil kilómetros de distancia.
En el minuto 25 cayó el primer gol en contra e inmediatamente me metí a la cocina a cortar chorizos. Literal. A los 6 minutos escucho los gritos de horror desde la sala y, si antes estaba intentando cocinar, ahora estaba cortando compulsivamente a los pobres chorizos como si fueran los culpables del anticipo de masacre. Artur entró a la cocina, me vio rebanando chorizos como loca y me dijo "no mames, si fueras con un psiquiatra esto sería materia de varias sesiones". Después del chorizo vino la lechuga y el queso y las papas y caminar de un lado para el otro, mordiéndome los dedos. No pude seguir viendo el partido, ellos, los de verde, y yo nos desmoronamos. A nadie le gusta que cuenten como bueno un gol que es un claro fuera de lugar. Injusticia futbolística de las peores, solamente superada por el error garrafal del uruguayo que pitó el Alemania-Inglaterra hoy por la mañana.
Total que ya nos eliminaron del mundial. Otra pinche vez. Otra vez los argentinos. Tenemos un director técnico que está loco, que es muy terco y que sacó a la cancha una alineación inexplicable. Nos falta madurar. Nos falta capacidad para actuar bajo presión, para reaccionar ante la derrota, para levantar la cabeza, para no dejarnos caer.
Se terminó el partido, estábamos todos calladitos sentados en la sala como si fuera un funeral. Lo negamos, nos encabronamos, tratamos de analizar que pedo, nos deprimimos y, por ahí de las 8 de la noche lo aceptamos, medio a regañadientas. Con tal de no ver ninguno de los programas de comentarios futbolísticos, pusimos The Graduate. Dios bendiga a Mike Nichols por haber hecho una película tan chingona. A evadir la derrota se ha dicho.
Estoy muy triste. Yo era de las que creía que si íbamos a poder contra Argentina. Pero, cuando vi al Bofo cantando el himno nacional, supe que algo iba a salir mal. Me hubiera gustado estar más cerca y que me dieran un abrazo. Me conformaré -porque no me queda de otra- con sonreír cada vez que se enciende el foquito rojo del blackberry.
Ni modo. Nos ganaron. A cantar de nuevo esta canción.
Del partido, ni hablar, ya se ha dicho mucho. Pero The Graduate es una fregonería!!!
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