07:25
Me desperté muy temprano. Dormí -otra vez- muy poco. Como a la una de la mañana por causas ajenas a mi voluntad, tuve que salir huyendo de un camper, saltando adentro de mi sleeping, congelada, enmedio de la nada. Terminé compartiendo un colchón inflable con dos gueyes: uno ronca y el otro se mueve. Un chingo. Ambos. Pero no se escucha el viento. Tampoco se mueve el cuarto ni hace frío. Es que estamos en el medio de la pinche nada. Me parece curioso que el guey que ronca mucho no se tapa y el que se mueve es, en realidad, una montaña de edredones. Al principio no podía dormir porque no sabía quien estaba debajo de la montaña de edredones. Después no podía dormir porque sabía quien estaba debajo de la montaña de edredones. Ojiazules que se mueven y hacen ruidos al dormir. Nada nunca te parece. Toda la noche mi cabeza escuchó esa canción de Modern English. I'll stop the world and melt with you.
10:06
El desierto de Coachella es monumental a la hora que lo veas. De día, de noche, con sol, con lluvia, borracho, crudo, sobrio, pacheco, de buenas, de malas, dormido, despierto.
16:25
James. Escenario principal. El clima hace que me sienta en cualquier parte menos en Coachella. Somos 24 mexicanos que no pretenden moverse del escenario principal hasta que no salga Pulp. Por lo menos yo a eso vine. He tomado coca-cola y bacardi como si me gustaran. Tim Booth baila y pienso en Paul Aguilar festejando el gol de la semana pasada en el Clásico. Que cerebro tan imprudente el mío. El guerito se me acerca y me dice "hay 120 luces robóticas en el escenario". ¿A qué hora las contó? Quien sabe, pero no dudo que lo haya hecho. Sonrío. Tocan Laid. Creo que Laid me recuerda algo pero no recuerdo a qué. Nos tomamos fotos. North Carolina baila. Escucho al guerito compartirle a alguien más su dato sobre las luces robóticas. Vuelvo a sonreír. Abrazo a North Carolina y cantamos. Sometimes when I look into your eyes I swear I can see your soul.
17:15.
Es muy extraño escuchar a Jimmy Cliff cantando I Can See Clearly Now mientras te pones una playera sobre otra porque ya no puedes con el frío y estás en California.
18:40
Arctic Monkeys y su ruido impecable. Sudor. Olor. Todo es muy rápido. Baterista loco. Ya estamos muy cerca del escenario. Cuando escucho I Bet You Look Good On The Dancefloor se me antoja encerrarme en un sucio baño de festival y besuquearme sin parar. Como que está saliendo el sol. Pulp no va perdonar un atardecer chingón.
19: 36
He hablado sin parar en este espacio de cómo fue mi primer encuentro con Pulp. La recapitulación rápida sería esta: principios de 1996, 17 años recién cumplidos, estaba en la cabina de radio de Reino Aventura con Rodrigo -el guerito ojiclaro de lentes en turno- viendo como ponía discos con mi cara de idiota enamoradísima cuando me dijo "Rojo, te va a encantar esta rola". Era Common People. Me pasó la mano rozando mi nariz y mi boca-como siempre hacía- y me dijo "Yo quiero vivir con gente común como tu". Imposible quitar la cara de idiota enamoradísima. Corte a: escuchar el Different Class hasta rayar el disco y tener que comprar otro para volverlo a rayar. Luego, un par de años después, uno descubre Like a Friend y se corta las venas una y otra vez mientras la canta a gritos con un chingo de tequila encima. Para cuando te das cuenta, una banda de Sheffield que en su puta vida va a pisar México ya está musicalizando tu tórrida post- adolescencia con tus tórridos romances de post- adolescente, hasta que un día de 2002 te enteras que esa banda se va a desintegrar y tu nunca pudiste verlos en vivo.
19:47
Dieciseís años después ahí estás: esperando impacientemente a que Jarvis Cocker aparezca cuando se apagan las luces y en las pantallas del escenario se proyectan frases escritas con esa tipografía tan bonita. Dice el guero que uno de los mejores momentos de un concierto es antes de que empiece.
Afortunados los que han escuchado el indescriptible sonido de la expectativa que precede a un concierto.
Good evening, Coachella.
I want to hear you make some noise. Gritamos.
I can't hear you. Volvemos a gritar.
That's better.
You're looking good.
Especially, you.
Yes, you. (Si, ¡TU!)
Got your thermals on?
Is this a hoax? (a los de Pulp les encanta cuestionarnos)
What's going on?
Alright. No need to shout.
Are you ready?
Time to get your just deserts.
One question: Do you remember the first time?
Alright. Let's do it.
Dos minutos de obscuridad total.
Se encienden cuatro letras. Ese acorde de guitarra. You say you've got to go home. Otra vez tienes 17 años.
Now I don't care what you're doing.
20: 08
Jarvis Cocker toma una guitarra y comienza a tocar. Babies. Me separan escasos centímetros de ese guey (no de Jarvis, del otro guey). Pienso en la escena esa de Vanilla Sky en la que Tom Cruise le explica a su psiquiatra que no se quiso acostar inmediatamente con el personaje de Penélope Cruz porque es un "pleasure delayer". La teoría de retrasar el placer por puro placer. Quiero llevarte a casa. Quiero darte hijos. Tu deberías ser mi novia. Y me acerco un poquito, lo suficiente para apenas rozarlo. Justo porque nos separan escasos centímetros -que tal vez nunca se reduzcan- se siente chingón.
20:14
Los únicos que saltamos, seguramente, somos mexicanos. Cuando Disco 2000 suene en el Palacio de los Deportes, se va a caer el domo.
20:27
Por qué yo, por qué tu, por qué aquí, por qué ahora. No hace sentido. No es conveniente. No encaja en mis planes. Es algo que no entiendo.
20:35
Cuando no puedas ni definir a qué es a lo que le tienes miedo, está canción estará ahí.
20:41
Jarvis Cocker saca una lampara de mano. Baja a la primera fila. Se pasea entre el público. You are hardcore. You make me hard. Es difícil controlarse mientras uno escucha This is Hardcore. Jarvis Cocker, con su porte de caballero inglés, bombea a un monitor, una y otra vez. Se tira al piso. Gime. Te hace pensar en cosas tan sucias que hasta te dan pena. O no. No hagas un movimiento hasta que diga "acción". Aquí sigue, atrás de mi. Muy cerquita pero no lo suficiente. Otra vez me dan ganas de encerrarme en un baño de festival a hacer cochinadas.
¿Algún día será suficiente?
20:50
Afortunados los que escuchan.
Afortunados los que han escuchado a su banda favorita interpretar en vivo una canción como Sunrise.
Afortunados los que se emocionan.
21: 03
La teoría de los momentos épicos dicta que éstos, en su mayoría, están acompañados por lluvia. Aunque no es una regla general, suele ser bastante estricta. Jarvis Cocker caminó de un lado al otro del escenario y nos dijo que tal vez podíamos llevar nuestra relación más lejos. Que no teníamos mucho tiempo de conocernos, pero que ya nos habíamos besado y que era momento de coger. "I know, it's a little bit sudden but that's the way things go. I'm afraid now I'll have to penetrate you". Let's fucking penetrate!!!. Acto seguido, la banda comenzó a tocar Common People. Llovía. Gritábamos. Saltábamos. You will never understand how it is to live your life with no meaning or control. Seguía lloviendo.
Jarvis Cocker comiendo uvas, aventándolas, contemplándolas, escupiéndolas. Jarvis Cocker como predicador en el sermón de la montaña. Jarvis Cocker diciendo todo lo que nosotros no nos animamos a decir. Jarvis Cocker cumpliendo su amenaza al pie de la letra, haciéndonos suyos como se le dio la gana.
A veces, lo único que se necesita para ser feliz son 54 minutos de buena música y amigos que salten contigo.
La nostalgía me agarró a madrazos y una gran parte de mi vida pasó por mi cabeza como rollo de impresión corriendo a velocidad sorprendente.
La espera valió la pena.