Esta es una entrada que no quiere escribirse, van cuatro veces que la subo y se borra.
En fin. Ahí va otra vez.
El sábado, después de muchos años de estar intentándolo, por fin logré ver en vivo a La Habitación Roja. Fue un concierto chiquito, chiquito, muy íntimo. No tengo idea cuánta gente asistió pero estoy segura de que no eramos más de 600, la neta soy mala para calcular. Aparentemente, con la remodelación del Plaza, los conciertos suenan cabrón. Me dan mucha envidia todos los que pudieron presenciar a Blur mientras yo estaba en Salt Cold City. Como dijo Rulo el otro día, nunca pensamos que Blur y Morrissey fueran a tocar en nuestro barrio.
Volviendo a La Habitación Roja, fue un concierto chingón. Así lo imaginaba. Se que LHR es una banda completamente desconocida en México y que ni España son famosos pero me encantan. Desde que escuché Nunca Ganaremos el Mundial me volví fan. Me gusta su ruidero. Me gustan sus letras. Me traen grandes recuerdos. En vivo son mucho mejores que en estudio.
A medio concierto, la vida se encargó de abrirme los ojos y recordarme que ya estoy de vuelta. Putazo de bienvenida para que dejes de hacerte pato. Hace año y medio me fuí de México, entre otros motivos, para ponerle distancia a algo. Año y medio después, me di cuenta de que no sólo no le puse distancia sino que varios meses lo tuve conmigo, que no huí del todo. El domingo estaba describiendo el putazo como una tragedia, cumpliendo con mi terca necesidad de exhibir las cosas que me pasan desde mi perspectiva. ¿Es cierto entonces que la gente -incluyéndome- NO cambia? No, no es cierto. Me resbalé, la cagué, pero, definitivamente, no soy la misma persona que era hace año y medio. Lo que pasó no fue una tragedia, sólo fue la consecuencia de mis actos.
Hoy, con varios días de distancia, estoy convencida de que el putazo fue bueno. Tarde o temprano iba a pasar y mejor que fue temprano. Empiezo una nueva etapa de vida sin asuntos pendientes. Siguiendo la línea de mi entrada de ayer, no tengo nada más que agradecimiento y buenos recuerdos.
La canción que está posteada se llama Febrero. Yo nací en febrero. En febrero de este año se terminó algo que era muy importante para mi y no pude hacer nada al respecto. Obviamente, sonó Febrero y canté a todo pulmón. Como canté Cuando te hablen de mi, La Edad de Oro, El Eje del Mal, Agujeros Negros y Por ti. Entre más treintona me pongo, más lloro, predeciblemente lloré.
De Febrero me gusta mucho esta parte: El momento que pasa se escapa, no vuelve a pasarte. Y aunque hierva la sangre se abren caminos y a andar. Curaré ese dolor que me pone a morir cada vez que te vuelvo a vivir.
Si me dices adios en febrero, piénsalo dos veces.