Bueno ya.
Resulta ser (a últimos días empiezo a escribir o a contar algo con el “resulta ser”. De repente siento que se me está terminando el vocabulario y me entra una necesidad incontrolable de regresar al litigio. En el litigio todo es discurso y vocabulario, palabras para enredar al juez en tus malévolas redes de convencimiento de abogado litigante cuatrero. Aquí nada de eso. Ya no me acuerdo de cómo se utilizan las palabras. Más bien, debería dejar de tejer y ponerme a leer algo distinto a las interminables Vanity Fair. Fin del paréntesis.) que el domingo se me hizo un buen día para tatuarme. El sábado tuve un connato de tatuado no fructífero. El Dr. Arellano na mas me sacó de mi casa para comer barbacoa –a la que yo no le entré porque no me gusta, shame on me- tomar curados de tuna de colores sospechosos –en serio, me sirven un curado de tuna y el líquido era color rosa mexicano cual pared del Camino Real. Me surgieron varias preguntas: ¿las tunas son rosas? ¿el pulque es rosa? ¿o sea cómo?- y se pasó toda la tarde alborotándome la hormona con el diseño del tatuaje, porque supuestamente nos íbamos a tatuar juntos, juntos pero no revueltos. Al final no fuimos, tampoco fui al antro ñero (tengo pendiente un post sobre la experiencia Sinatra) y me quedé en mi casa viendo los comerciales del superbowl en la página llena de comerciales que me recomendó R. Que bueno estuvo el de Volkswagen.
El domingo me desperté temprano, sin cruda, sin sueño y cociné hot cakes, los primeros dos estuvieron a punto de quemarse. Creo que mi neurosis va a interferir en mis habilidades de cocinera (mismas que pondré a prueba esta tarde). Me pone mal no saber si es el momento adecuado para darle la vuelta al hot cake aún cuando ya está lleno de burbujitas. No fui al estadio, David llegó tardísimo por mí y me aplicó a medio camino la de “es que se me olvidó el diseño de mi tatuaje pero igual vamos”. La neta es que era un buen día para tatuarse un homenaje permanente a mi banda favorita –e ingresar en esa larga lista de “fans atascados”.
El objetivo de este post, sin embargo, no es dar la crónica de la tatuada, misma que ya di –en la medida en que el dolor me permitió- en vivo vía twitter y que se resume a “Cualquieraquedigaquetatuarsenodueleestámintiendo.Yadejódetorturarmeelladoderechoahoravaconelizquierdo.Meduelemucho.Elsonidodelaagujamerecuerdaaldentistalobuenoesqueaquíescuchamosabuddyholly” Me dolió mucho. Y cuando escribo mucho es MUCHO. Ahora entiendo porque la gente no se tatúa tan seguido esa parte del cuerpo, porque DUELE y molesta. Al final mi diseño pequeñito y discreto valió madres porque el tatuador –a quien, casualmente, también le apodan Rojo- se negó rotundamente a tatuar algo así, argumentando que la tinta se expande y no iba a poder ni escribir, y mucho menos con morado ¿cómo con morado? Va terminar siendo negro, mejor con negro, es que si lo tatúas así me lo voy a tener que poner en la espalda como Victoria Beckham y me chocan los tatuajes en la espalda porque no se ven ¿y porque no te lo pones así en vez de en la espalda? ¿Así? Si!!!! se ve de huevos.
¿Tortura mientras te taladraban la piel con una aguja? Nel. Cuando llegué a mi casa fue cuando empezó realmente la tortura.
Hoy ya estoy muy tranquila y relajada pero cuando originalmente iba a escribir este post –léase el lunes- estaba en llamas. Nunca pensé que un tatuaje –o bueno, en este caso dos- pudiera ser tan controversial. No. No me tatué a la Santa Muerte en toda la espalda. No. Tampoco me tatúe “Me gusta coger con niños”. Tampoco me tatué “Viva el Narco”. Nada de eso. Me tatué una estrofa de una de canción de los Beatles, una vil, inofensiva y bonita estrofa de una bonita canción de ¿amor? De los Beatles.
Tenía 17 años. Estaba en un salón del Asunción pajareando cuando entró la directora de prepa con un bonche de papeles, nos sentó y nos dijo “éstas son las solicitudes para el examen de admisión de la Universidad Nacional Autónoma de México, la mayoría de ustedes ya sabe a qué carrera va a aplicar así que nada más llénenlas con sus datos y a estudiar mucho”. Cuando me dieron la mía, en el apartado donde se lee “Carrera” escribí “Medicina” (después de pensar y pensar, al final opté por Medicina, las otras dos opciones eran Derecho y Ciencias de la Comunicación). Cuando le entregué a la directora mi solicitud, la rompió y me dijo “estás loca si crees que tienes que estudiar Medicina, mija tu naciste para ser abogado”, así, con esas palabras. La vi tan convencida que le hice caso. Todos sabíamos que entrar a la Facultad de Derecho de la UNAM era un pedo. Primero me aceptaron en la Ibero, después me aceptaron en la UP, después me aceptaron en la Libre, me inscribí y al final me aceptaron en la UNAM. Y así fue como empezó mi sinuoso camino en el mundo del Derecho. No lo voy a negar. Me he quejado amargamente en múltiples ocasiones de lo mucho que odio ser abogado. Pero tampoco puedo negar lo increíble que se siente cuando publican la sentencia y te das cuenta de que, después de 3 meses de mal dormir y mal comer el Juez falló a tu favor. Si. Pienso con frecuencia en qué hubiera sido de mí si hubiera escogido Medicina, o Comunicación. Es de esas cosas que jamás podrás saber.
El año pasado, cuando estuve sin trabajar, me la pasé renegando del Derecho y queriendo ser otra cosa, me moría de ganas de trabajar en una productora, tener llamados kilométricos a horas inhóspitas y llegar en tenis, jeans y sudadera sin que nadie te vea feo. O trabajar en una disquera. Ser de ese escaso grupo de afortunados que escogieron correctamente el rumbo de su vida, que trabajan en lo que les gusta y no viven atormentados por ser algo distinto. Por supuesto que no lo logré, productora a la que le enviaba mi curriculum, productora que decía “¡pero si es abogada!” y si, siempre he sido abogado. Claro que convivir tanto con un estudiante de cine no ayudaba en nada, ya no quería ser abogado.
Fue una crisis de 7 meses de duración. Antes de mi examen profesional fui a comer con Angélica. Creo que ya he mencionado a la Lic. Carrasquedo en este espacio, pero si no, basta saber que fue mi primer jefe, y era una hija de su rechingada madre. Poca gente me ha hecho sufrir tanto como ella. El caso es que Angélica, que era una pistola legal, terminó abandonando el Derecho para ser mamá de tiempo completo. Cada vez que la veo la hace de psicoanalista y la terapia siempre versa de lo mismo: es que ya no quiero ser abogado. En la última sesión, llegamos al punto de no retorno, ya no quería ser abogado y tampoco me quería titular. Al final, me presenté en mi examen, pasé con propuesta de mención honorífica a mi tesis y cuando protesté se me salieron las lágrimas. Saliendo del examen, Angélica me dijo “mira monstruo, para tu mala suerte, no sólo eres abogada, eres una gran abogada, y el día que te reconcilies con eso, y aceptes que eres muy buena en lo que haces, vas a ser más feliz”.
Tómala.
Ok. Ya. Estudié Derecho y se que hay formalidades con las que debo cumplir, propias de mi profesión, pero no sé en qué parte me comprometí a renunciar a lo que soy, a lo que me gusta escuchar, a lo que me gusta leer o lo que me gusta decir o hacer.
No sé en qué cláusula de mi vida se me prohíbe expresamente tatuarme por el simple hecho de ser abogado
Me encantó esta entrada, la leí justo cuando se quedaron en la oficina los únicos que no me pelan en la oficina... Ah en fin.BTW yo también tengo un tautaje y lo amo... Y sí, ta,bién soy abogada
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ResponderEliminarGuey no mames cómo reí con eso de "No me tatué "Me gusta coger con niños" o "Que viva el Narco", nooo mames, jajajajajaja. Ya te lo dije hace una semana, los tatuajes son para que le gusten al que los trae y punto. No hay concesiones en ese sentido. Si el/la que lo trae lo ama, that´s more than enough.Besotes y POR FAVOR UUUUURGE vernos, en serio ya es ridículo.
ResponderEliminarOye, ¿y no has considerado especializarte como abogada para disqueras? Sería una forma de combinar dos cosas que te gustan, música y demandas, ja... .¡¡saludos!!
ResponderEliminarWow!!! Grandes posts (!!!??). Has leído El Astronauta Terrestre de F.J. Koloffon???Aunque a ratos parece novela de autoayuda se parece muuucho (al menos por cómo lo relatas) a tu caso. Saludos, bye.
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ResponderEliminarMe gustó mucho tu post! Y sí...cuando yo me tatué sólo una persona me dijo que sí dolía..y un chorro. Todos los demás me chorearon.Y seguro te dijeron que una vez que lo haces quieres hacerte más. Y sí es cierto... yo ya quiero otro!Consejo: NO te rasques! ;)Que tengas bonita semana
ResponderEliminaryo tamb soy abogada... y tengo un tatuaje... saludos..
ResponderEliminarUfff, no mames CLAAARO! Lo que dice Q es cierto. Uno de mis mejores amigos es el escritor de El Astronauta Terrestre y sí, sus historias son RE parecidas, porque es una autobiografía. Guey te lo voy a regalar, cómo no se me había ocurrido.
ResponderEliminarEse Koloffon es el que se casó con Mayu?? Creo que más o menos conozco la historia. Habrá que leerla.Saludos a todos!
ResponderEliminarSí guey, ese mismo. Luego platicamos y no mames, vas a amar ese libro.
ResponderEliminarHola, me encontré con el blog buscando información al respecto. Yo actualmente estudio en la Facultad de Derecho, y honestamente, una de mis pasiones es la modificación corporal. No he tenido la oportunidad de materializar mis ideas para tatuajes precisamente por el problema del empleo, pero al ver ésta entrada en tu blog, me preguntaba ¿Ha sido ésto un impedimento para que obtengas un empleo en alguna ocasión? ¿Crees que sería difícil lograr entrar, por ejemplo, a Secretaría de Relaciones Exteriores, SEMEFO, etc.? Agradecería mucho tu respuesta :)
ResponderEliminarBakarla: Hola! que bien que hayas dado con esta entrada. Te cuento que yo tengo tres tatuajes.El primero es muy chiquito y lo tengo en un antebrazo, muy cerca de la muñeca. Cuando me lo hice trabajaba en un despacho y mis jefes se tardaron meses en darse cuenta de que lo tenía. Después me cambié al gobierno federal y lo mismo, por su ubicación tienes que poner atención para verlo. Mis otros dos tatuajes son más grandes y los tengo en las piernas, así que si me pongo falda es imposible que no los veas. Cuando me los hice trabajaba en el gobierno, en una instancia de seguridad nacional y no pasó nada con ellos. Creo que en la iniciativa privada sería una cuestión de quien te contraté si decide hacerlo con tatuajes o no. En el gobierno -federal, por lo menos- mi experiencia ha sido que sólo te preguntan por los tatuajes si te hacen exámenes de control de confianza. A mi me han hecho esos exámenes en dos ocasiones, una de ellas fue para entrar a la PGR y en ambos exámenes me preguntaron varias veces si tenía tatuajes o perforaciones. Inclusive hay un exámen médico en el que miden el tamaño de tus tatuajes y los describen. En el polígrafo te preguntan por qué te los hiciste y qué significan. Según me dijo la doctora que me evaluó en esa ocasión, los tatuajes son una constante entre los agentes federales de investigación, así que dudo que tener uno sea un criterio determinante para entrar en esa institución. Ahora, para SRE y otras dependencias nunca me han preguntado si tengo tatuajes o no. En la dependencia en la que trabajo actualmente, por ejemplo, no me preguntaron nada de eso y hace poco mi jefe vio mis tatuajes y no me dijo nada. Si me llegaran a despedir o a negar un trabajo por tener tatuajes lo primero que alegaría es discriminación, pero afortunadamente no me he topado con eso. Como narro en mi entrada, creo que tienes que pensar muy bien en qué te vas a tatuar y en donde porque, desafortunadamente, en la profesión que escogimos la aparencia puede ser muy importante y, si te dedicas al sector privado, te podrás topar con clientes o despachos en los que si te pongan objeción por estar tatuado. Yo por eso elegí tatuarme en un lugar que puede ocultarse, pero te cuento que hace poco me tocó asistir a un evento muy chiquito en Los Pinos donde estaba la Primera Dama y me puse una falda. Algunas personas me vieron raro pero a la Primera Dama le gustaron los tatuajes jajaja.Espero que esto te sirva de algo. Gracias por leer.
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