Mi 2010 fue como prueba de resistencia a la que todavía no le veo el final.
Fui a Haití dos veces y me conmocioné. Me hice dos tatuajes dedicados a alguien que nunca los volverá a ver, se me rompió el corazón y merodeé como zombi a medio morir hasta que tres minutos en un hotel de aeropuerto me devolvieron la vida. Me reencontré con amigos increíbles. Dejé por la paz eso que me estaba destruyendo. Volví a ver a Iñaki. Me enfermé cabrón y todavía no me recupero del todo. Grité con Arcade Fire y Pixies.
Con todo y esta sobriedad inusitada, seguramente sucumbiré a la tentación de felicitarte. Aun cuando lo intento vehementemente, no puedo odiarte.
Se nos termina el año. Por fin.
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