miércoles, 29 de agosto de 2012

28 de agosto

Hoy fue el segundo día de la Cuarta Semana de Derechos Laborales.

Este show se lleva a cabo en los cincuenta consulados que México tiene en Estados Unidos. México es el país con más representaciones diplomáticas en Estados Unidos y también es el país con más representaciones diplomáticas en otro país. Cada vez que digo "cincuenta consulados" es cuando pienso en todos esos nacionalistas de análisis fácil que se la pasan diciendo "México es el patio trasero de Estados Unidos" cuando la realidad es otra. Es como ese sector de mexicanos que son re buenos para abuchear el himno de Estados Unidos en el Azteca y odiar a los gringos pero bien que salen corriendo -o quieren salir corriendo- a la primera oportunidad que tienen a comprar medio mall en San Antonio o San Diego. Doble moral a todo lo que da.

Ya me desvié.

Decía que la Semana de Derechos Laborales se organiza en todo el país y, como su nombre lo sugiere, tiene por objetivo difundir entre la comunidad mexicana los derechos que tienen como trabajadores y la forma de hacerlos valer.

Si, los paisanos son explotados en este país pero, dentro de lo que cabe, el gobierno federal y estatal intentan protegerlos. Creo que es un gran paso que un mexicano se pueda acercar con la autoridad laboral a reclamar sueldos no pagados o accidentes de trabajo sin importar su situación migratoria. Si les importara esto, estaríamos jodidos.

En Utah el gobierno local es bastante humanitario y comprensivo y yo me encargo de darles mucha lata con estos asuntos. Llevo casi dos meses aquí y no dejo de sorprenderme con los casos que llegan al Consulado, por ejemplo, el de Sergio Sorcia. Sergio tiene 22 años, llego a Estados Unidos indocumentado a los 13 años. Sergio trabaja en un taller mecánico de hojalateria y pintura que opera clandestinamente. Obviamente no tiene contrato, recibe su sueldo en efectivo, no tiene prestaciones y trabaja porque está ahorrando para pagarse la escuela. Hace un mes, mientras componía un coche, explotó un tanque de gasolina y Sergio sufrió quemaduras de tercer grado porque el taller siempre opera con las puertas cerradas para no declarar impuestos. Obvio no había salidas de emergencia y obvio el dueño del taller amenazó a Sergio de denunciarlo con la migra si se quejaba en la Comisión Laboral. A la fecha, Sergio no sabe si podrá volver a usar la mano izquierda como antes ni si quedará en condiciones de volver a trabajar. Su mamá, que fue la que llevó el caso al Consulado, llora cada vez que me va a ver a la oficina. Sergio necesita seguir estudiando porque, si lo hace, puede solicitar el beneficio de acción diferida para los llegados en la infancia, que promueve el gobierno de Obama.

Y uno aquí haciendo tormentas en vasos de agua por cada pendejada.

Total que una comunidad informada es una comunidad segura (frase que me aventé en el discurso de inauguración de la Consul y, orgullosamente, hoy fue citada en el Salt Lake Tribune) así que he tratado de contribuir a correr la voz entre la banda para que sepan que, por lo menos, tienen a donde acudir si sufren un accidente laboral o si los discriminan en el trabajo.

Hoy en la tarde fuimos otra vez a Ogden, el pueblo enmedio de la nada cuyo juzgado no encontré a tiempo, a dar una plática. Bueno, no es que sólo Ogden esté enmedio de la nada, es que aquí en Utah todo parece estar en el medio de la nada porque neta no hay nada. La plática fue en un salón en la Madison Elementary School, organizada por el Family Center de Ogden, centro comunitario para migrantes que trabajan en el campo que funciona como escuela y guardería en el día y escuela para padres y adultos en la tarde. La plática era a las 6 y no llegaba nadie. 6:20 nadie. Me frustra que no llegue gente. Como al cuarto para las 7, cuando ya nos íbamos, llegó una pareja a la reunión, estaban muy interesados en saber qué hacer si no les pagaban. El guey del Fondo de Compensación para los Trabajadores aceptó darle la plática sólo a ellos. Aunque sean dos, ya hace que valga la pena.

Cuando le conté esto a la gorda y le dije que me frustraba mucho que la gente no llegara me dijo que me acordara de The Help, que de una en una se fue corriendo la voz y cada vez eran más las que querían participar en el libro y denunciar las injusticias. Entonces me hago la chaqueta mental de que cada vez que contesto el teléfono en la oficina y cada vez que doy un informe estoy logrando que alguien más pueda defender sus derechos. Supongo que si van y le cuentan al vecino ya es un pequeño triunfo.

Una foto de las afueras de Ogden (con mi reflejo de colado)



Una del salón donde dimos la plática

Y otra de Kayla, mi compañera de banca, hija de los michoacanos que presenciaron la sesión.

4 comentarios:

  1. Haciendo lo que podemos con nuestro trabajo :)

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  2. Que increíble que puedas ayudar a los paisas, yo tengo mi banda de "mojarras" (como ellos se autonominan) que en verdad son trabajadores y eso sí bien alcoholicotes.. Arriba OaxaCalifornia!

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  3. no extrañas nadita el tráfico acá te lo aseguro. Estoy literal parada desde hace 30 minutos así mejor te leo. Es un pequeño gran grano de arena Mon. Eso y la gran satisfacción de saber que de uno en uno aarmas multitudes. Un abrazote. Paulina

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