domingo, 20 de octubre de 2013

gravedad

Fui a la inauguración del Festival Internacional de Cine de Morelia.

Me gusta mucho Morelia. Se come delicioso, la gente es lo más amable, la ciudad es increíble y es baratísimo. La carretera no es tan barata. En cuanto nos bajamos del coche empezó a diluviar. Nos metimos en la primer fonda que encontramos: queso fresco, longaniza en salsa verde, carne asada, más longaniza, piña asada, más queso, coriundas, crema de la buena. Acierto total. De ahi a chismear largo y tendido. De ahí a la alfombra roja. 

La alfombra roja. Cada vez que escuchaba a alguien decir "Es que Cuarón va a hacer también alfombra roja" me sentía en los oscares. La alfombra estaba montada adentro del Cinépolis de Plaza Morelia. Afuera había algunos tomando fotos, varias ipads. ¿Queda alguien que todavía tome fotos con una cámara? ¿Las cámaras estarán condenadas a desaparecer? A lo largo de la alfombra había una valla de gente, en la primera parte de la valla habían curiosos y prensa, en la segunda sólo prensa. Los de afuera gritaban y gritaban. Estoy muy desactualizada porque en los tres minutos que estuve ahí no reconocí a nadie. Está cagada la reacción en cadena. Un guey que estaba parado junto a mi en la entrada empezó a gritar sólo por chingar e inmediatamente el grito se convirtió en gritoniza. 

Aprendí que la alfombra roja es todo un evento. Me explicaban mis contactos de la "industria" que hay artistas que no hacen entrevistas y sólo hacen alfombra roja (Tom Cruise, por ejemplo), lo que significa que es el único lugar en el que habla con la prensa. Dicen que Tom Cruise es buenísimo para eso, que se pasa horas firmando autógrafos y tomándose selfies con los fans, que habla con todos y cada uno de los reporteros. Acá todos estaban esperando a Alfonso Cuarón, atracción principal de la noche. Hubiera estado bueno que Warner trajera a Sandra Bullock. O a Clooney. Me hubiera muerto de emoción con Clooney. También me habría puesto unos tacones. Y un vestido. Me convertí en una fachosa. Mi única experiencia en festival de cine había sido en Sundance, ahí todo mundo está de chamarrota y botas porque estás a pinches menos veintitrés grados congelándote y se me hizo fácil llegar con mis botitas. Error. Había chavas de vestido largo y yo casi casi llego en jeans. Como en la alfombra roja hay muchos -como yo- que noa tenemos ni madre que hacer ahí, el organizador pone una pared, para que los desquehacerados pasemos por ahi y no nos tomen fotos. Nadie nos avisó y Artur y yo desfilamos cual celebridad que no sabe vestirse. Si fuera famosa, en Fashion Police me habrían destrozado.



La alfombra roja de Cannes o de los Oscars ha de ser impresionante.

Nos metimos al cine. Nos regalaron unas palomitas y un refresco, detallazo del señor Cinépolis. Nos tocó en la sala 4DX. Nunca había entrado a uno de esos cines. Me preocupé muchísimo porque soy de las que se marean en el Star Tours de Disneyland y los sillones de esta sala se veían de lo más pro. Llegó Cuarón y la gente se volvió loca. Flashes y flashes y flashes. También llegó Eugenio Derbez. En la carretera me contaron que la estimación de taquilla de la película de Derbez es de 600 millones de pesos. No se me antoja nada su película pero está ca-brón que recaude esa cantidad de dinero. Hay que reconocer su mérito. Empezó la inauguración, habló el señor Cinépolis, el Gobernador, el Presidente Municipal, Cuarón,  una disque actriz que no conozco que estoy segura ha sido la peor maestra de ceremonias en los once años del festival, bla bla bla y no empezaba la película. 

De repente apagaron la luz. Ni me di cuenta de cuando empecé a flotar en el espacio. 

Gravity.

You have to learn to let go.

Independientemente de que en la primera secuencia me la pasé fatal porque el asiento del cine no dejó de moverse y estaba a punto de vomitar y que hubo un momento de la película en el que parecía que estábamos en medio de un huracán (en este tipo de salas hasta agua te echan) salí del cine en shock. Totalmente conmovida. Varios de mis compañeros de cine ya la habían visto y lo mismo, en shock. Nos pasamos dos horas y media hablando de la película. Como disco rayado. ¿Qué coño tiene en la mente Alfonso Cuarón para hacer algo asi? ¿Cómo puede ser el mismo guey de Y tu Mamá También, The Prisoner of Azkaban, the Little Princess?

Nunca había visto algo así. La fotografía es espectácular (ahora si, todos y cada uno de los premios tienen que ser para Lubezki) y neta no entiendo como corrieron a esos gueyes del CUEC. Bueno, si lo entiendo, pero ese es otro pedo. Soy entusiasta de Cuarón desde el minuto en el que escuché Like a Friend en Esa secuencia de Great Expectations, después de eso, una parte de mí cambió para siempre. Cuarón hace lo que quiere con nosotros. Lo que quiere. Corre el rumor de que el señor es inmamable y no me parece raro. Es más, hasta lo apoyo. Si yo tuviera un gramo de la capacidad que ese guey tiene, pediría que me llevaran a mi hotel puros m&m's rojos y cheese pockets recién horneados de la bakery de enfrente de mi casa en Salt lake City. No tendría límites. Alfonso Cuarón se merece lo que quiera y, si alguien tenía la duda, ya está en otra liga, muy lejana a la de los egresados intensos del CCC y del CUEC que suelen firmar tragedia tras tragedia. Cuarón está cabrón. Ok ya, estoy exagerando, pero si, está muy cabrón.

Tal vez lo único que pueda criticar es el final y si, tal vez la historia a muchos (entre ellos toda esa banda que es adicta a llevarle la contra a todo lo que tenga éxito por hacerse los interesantes) les parezca medio hueca. A mi me pegó. No me puedo imaginar un escenario más hostil y terrorífico que estar varado en el espacio. Terror del bueno. Leí a un crítico de cine escribir que todos, de una u otra forma, flotamos y estamos varados cuando perdemos nuestro centro de gravedad. Estoy de acuerdo. 

Y si yo estuviera varada en el espacio, claro que la voz que me gustaría escuchar es la de George Clooney. 

Tengo que verla otra vez porque la onda de juego de los Universal no me dejó concentrarme. Espero que la angustia no me dure otros dos días. 

El coctel de inauguración fue en el Palacio de Gobierno, mucha gente faroleando, mucho local, muchos que hace años no eran faroles faroleando mal pedo, siete baños para dos mil personas y escazes de whisky a la hora y media de empezada la fiesta. Conocí unos cuantos personajes de la industria cinematográfica, confirmé que existe un trabajo en el mundo que no me molestaría en absoluto hacer y bailé canciones noventeras. 

Al día siguiente desayuné huevos brujos en el Virrey de Mendoza y reí a carcajadas. También me quedé con muchas ganas de echarme unas tres películas del festival pero me tuve regresar. 

Vaya a verla y opine, si gusta.

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