Hace rato me dejaron un comentario que dice que hablo de Haití como si me fuera de vacaciones y ojalá no me fuera a decepcionar con tanto muertito en la calle. Dicho comentario me hizo pensar en que no he explicado bien, bien de que se trata este viaje a Haití.
Después me llegó por mail una nota del Reforma en la que el director de una ONG llamada Sin Fronteras se queja amargamente de los escasos esfuerzos del H. Gobierno Federal para ayudar a los haitianos y recibirlos en este país, entre otras cosas. Dicha nota me hizo pensar en la irresponsabilidad de algunos medios mexicanos porque hubiera sido bueno que confirmaran las cifras antes de echarnos tierra.
¿Que a qué voy a Haití?
Hace como un mes, cuando andaba en los trámites de la visa, mi jefe me dijo medio en broma que me apurara con la visa porque me iba a mandar a Haití. Creo que no se esperaba que mi respuesta fuera "¿Me vas a mandar a Haití???? QUÉ EMOCIÓN". Y en esas he estado desde entonces, trabajando a marchas forzadas.
Por supuesto que no pienso que me voy a ir de vacaciones. El nombre correcto de lo que voy a hacer sería "Evacuación de haitianos por razones humanitarias".
La primera vez que conté en este espacio de mi viaje a Haití, dije que estaba muy emocionada por miles de razones. Para evitar confusiones, enumeraré algunas: lo que me da emoción es poder presenciar con mis propios ojos una tragedia de tal magnitud y poderlo describir con mis palabras. Me da emoción formar parte de una delegación cuyo único objetivo es concretar la oportunidad que tienen 360 personas de mejorar su calidad de vida, de comenzar de nuevo en un país distinto, de complementar con su cultura a la nuestra. Me da emoción poder ayudar a quien lo necesita. Me da emoción, mucha, poder representar a mi país.
Por supuesto que estoy conciente de que me espera algo horrible. Estoy conciente de que no es un viaje de placer. Pero estoy segura de que esas cosas me harán valorar mi realidad y dimensionar mi vida desde otra perspectiva. De paso -como dijo Iñaki- podré poner en números negros mi saldo con la policía del karma.
El martes me probé otra vez el uniforme que me voy a llevar. Los pantalones azulez son es-pan-to-sos, la tela es dura, quema, el corte menos favorecedor de la historia de los cortes; los otros pantalones cargo hacen que parezca como un globo de cantoya mal fabricado. No tengo zapatos adecuados para llevarme, voy a terminar yendo con mis converse y me van a doler los pies todas las noches. Pero cuando me puse la camisa y vi que en la manga traía la bandera de México se me puso la piel chinita. No lo puedo evitar.
Espero, de verdad, poder documentar todos y cada uno de los días que dura mi comisión. Poder contarles como está el pedo allá, como es que la gente sobrevive, si el piso de la Embajada está tan duro como soñé anoche o si la comida que sirven en las oficinas de la ONU está buena, ya saben, las pendejadas de las que suelo escribir. Espero poder contarles en tiempo real cómo es la vida en un buque de guerra lleno de marinos. Espero poder contarles -aunque sea a mi regreso- la cara que pondrán los niños haitianos cuando se reunan con sus padres.
También espero no vomitar toda la cubierta del Usumacinta.
Insisto, estoy nerviosa.
A Haití en Barco??? Sólo por eso, Qué emoción...
ResponderEliminarbuen viaje..estaremos esperando tus reportes eres una viejotota me caee.. te admiro..Fer.
ResponderEliminarQue padre que tengas esta oportunidad única no solo de viajar a ese país después de tan grande desgracia, lo mas padre es poder regalar un pedacito de tu vida para dar esperanza a otros. Ojalá en verdad puedas contarnos de esta aventura día con día; sin embargo, si no lo haces sabremos que es porque estas ocupada en tan grandiosa labor. Mucho éxito!!
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