Como cada 31 de diciembre, llegó el momento de hacer un minibalance de lo que fue mi 2012.
El 2012, como conté en este espacio, me agarró cantando a gritos Bella, de Mijares. Y Temblando. Fue una fiesta kilométrica que terminó conmigo llorando en mi cama de pura peda a las 10 de la mañana. Tendría que considerarlo como una señal de que los siguientes cinco meses serían más parecidos a una pesadilla que a un sueño. La muerte se llevó a alguien que quería mucho. Las cosas me salían mal. Me di un putazo contra mis odios. Me di cuenta de que la destrucción no siempre es la mejor forma de conclusión. Lloré muchísimo. Tuve que cerrar el otro blog.
Comprobé en carne propia que hay dos frases muy ciertas (mismas que he repetido hasta el cansancio):
1. Hay que tener mucho cuidado con lo que se desea.
2. La distancia centra.
De repente desperté en otro país, totalmente sola. Conocí el significado de la palabra "tranquilidad" y -mejor aún- comprendí su concepto. Empecé de cero. Nuevo trabajo, nueva forma de vida. Dejé de chupar, empecé a andar en bici, a cocinar, a hacer puras cosas que me gustan. El primer mes en el gabacho fue de terror, todos los días me quise regresar a México, hasta que encontré mi departamento y, misteriosamente, la situación se fue acomodando. La vida me dio una oportunidad única y me agarró a cachetadas para demostrarme que mi gran "dramón" era una mamada comparado con lo que a mucha gente le pasa. He conocido gente maravillosa. Gente muy valiosa. He tenido la satisfacción, una vez más, de poder ayudar. De cambiar vidas con detalles muy pendejos. Me topé otra vez con esa sensación tan particular que conocí en Haití: esas situaciones de peligro y necesidad que te permiten cambiar algo y te llenan.
También tuve muchísima música. De la mejor. The Shins, McCartney en el zócalo, Radiohead, Garbage, James, The Hives, Buzzcocks, Arctic Monkeys y un largo etcétera. Me perdí al Jefe y a New Order por estar aquí pero no hay pedo, además, ni en mi momento más optimista pensé que la vida me permitiría ver tres veces en vivo a Pulp.
Cumplí mis dos propósitos del 2012.
Hoy, me estoy congelando literal, mi relación con la nieve es muy complicada, extraño mucho a mis amigos, a mi familia, a mi perro, las quesadillas de chicharrón prensado, las chips adobadas y a México. Me he perdido de cualquier cantidad de fiestas, conciertos, chistes y anécdotas. A veces me da miedo no entender nada si un día regreso pero no importa. No me arrepiento de nada de lo que estoy haciendo.
2013: estoy lista para los trancazos.
Que el año nuevo los agarré escuchando su canción favorita.
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