miércoles, 19 de marzo de 2014

septiembre

Supongo que todavía hay gente que lee mi blog.
A todos ellos les tengo que ofrecer una disculpa. Nuevamente.
Mi vida se ha reducido a trabajar sin parar. Uno que otro viaje en el inter, todos de chamba, excepto por mi paso en Nueva York, del que regresé tan cansada -y con tanto trabajo- que no pude escribir nada al respecto.
No se si esto sea bueno o malo.
Habría que detenerse y hacer un pequeño resumen.
También aceptar los hechos.
Asumir las consecuencias.
El spotify pone Dancing in the Dark de Bruce Springsteen.
This gun is for hiring, even though I am dancing in the dark.
Lo dije en algún momento de este año. Supongo que todo lo que pasó por causa de una lectura desafortunada de este blog terminó por afectarme y ya no quise escribir. Nada.
A lo mejor es que pienso que si lo escribo se va a materializar y entonces ya no voy a tener pretexto para no hacerme pendeja con mis sentimientos y con el desastre que estoy viviendo.
No-lo-se.

El resumen.

Anoche llegué a un punto en el que el trabajo me rebasó. Tenía cólico, dolor de panza, de cabeza. La traición que te pueden llegar a aplicar un bonche de hormonas es impredecible. Lo único que quería era ponerme a llorar. Desde enero estoy así. Tal vez desde octubre. Y ya casi es octubre otra vez. Estoy en ese punto en el que hay días que no se si es lunes o jueves, en que ya no tengo horario ni de comida ni de entrada ni de salida y voy a tantas reuniones que ya perdí la cuenta de las que llevo. Si le echara ganas, podría vivir alimentandome de galletas mariam, canapés, vino y café. Que no se me malinterprete. Me gusta mucho lo que hago y lo que estoy haciendo. Regreso al pasado: si el 25 de abril de 2012 me hubieran dicho que hoy tendría este trabajo me habría muerto de risa. Carcajadas de esas que te hacen retorcerte de risa. Nunca lo hubiera creido. Pero aquí estoy. Y justo hoy, a punto de cumplir un año, me siento como si estuviera totalmente sola y no hubiera salida. A lo mejor todo es producto de mi conocida resistencia a la permanencia. Mi incapacidad para durar más de un año en un trabajo. Mi negativa a tener relaciones duraderas y estables en lo que sea que haya que que estabilizarse.

La permanencia.

La primera vez que lo vi fue el 9 de abril, un día antes de que empezara la Visita de Estado que hizo Francois Hollande, el Presidente de Francia. Me hubiera encantado no verlo. Como en canción de Juanga-patrimoniodelahumanidad: yo vivía muy bien hasta que lo conocí. Llegó a pedir una carpeta para el jefe que yo estaba intentando armar con poco éxito. Me hubiera encantado no estar ahí sentada con veinte hojas mal perforadas en la mano para no darme cuenta de que tiene los ojos de un color verde muy raro. Yo con mal humor y él a nada de tronarme los dedos...

Me jodí.

La segunda vez que lo vi fue un mes después. Un día inhábil que obviamente para nosotros fue hábil. Inmediatamente me di cuenta de que era una de esas personas buenazas para pretender que está dominando la situación. También me volví a dar cuenta del color extraño de sus ojos. Yo que siempre he sido una coleccionista de ojos y miradas y me mandan a este especimen de ojos verdaderamente hermosos y que literal me atraviesa cada vez que me ve. Las pocas palabras que logré articular con coherencia sólo sirvieron para meter la pata de una manera descomunal. No importó mucho que digamos. Luego, la pregunta fatal:

"- ¿Puedo saber cuántos años tienes?
- Si. Treinta y cinco."

No me acuerdo cuándo fue la última vez que me arrepentí a este grado de no haber mentido.

Podría escribir miles de letras. Miles. Narrar lo extraño que es todo lo que ha pasado. Intentar definir cómo no entiendo, cómo no se si está sucediendo algo ni cómo llegamos hasta aquí en tan poco tiempo. Como no me explico en qué momento alguien que no conoces se convierte en indispensable. Podría escribir que ha sido un desfile de comida deliciosa, ginebras, canciones conocidas y desconocidas, autofotos, miradas inolvidables, sonrisas imposibles, recuento de goles de cualquier liga, tormentas y un chingo de trabajo pero describirlo con el detalle que me caracteriza sólo va a provocar eso: que sienta que lo estoy materializando, que lo lea y piense que es real.

Portugal. The Man.

El problema, justo, es que no es real. No puede ser real.

Me jodí y -lo peor- es que tengo muy bien ubicado el momento exacto en el que me jodí. No fue cuando lo vi por primera vez, ni cuando me aplicó la de "tengo una atracción muy extraña hacia ti" ni cuando no tuve que explicarle que significan mis tatuajes de las piernas. No. El momento en el que me jodí fue una noche aquí en la oficina. No se ni que hora era, tal vez las 12 de la noche. Estábamos hasta la madre de chamba y de chambear sentados enfrente de una computadora. Me moría de hambre. Me recargué en su hombro, cerré los ojos, puso Il Mondo y empezó a cantar en italiano. Dejé que pasaran los dos minutos y treinta y siete segundos que dura la canción y me paré. Se sintió increíblemente bien pero, lo único que pensé mientras lo escuchaba cantar es  que el tiempo, otra vez como en rola de Juanga (porque aparentemente, mi vida cada vez se identifica más con el catálogo musical de Juanga) es una mamada y nunca perdona y que a mi destino le fascina hacerme mierda Fue como cuando vienes en la bicicleta y ves en perfecta camára lenta como  un ciclista en sentido contrario hecho la chingada -igual que tu- te va a chocar, te vas a caer y te vas a partir la madre.

La injusticia temporal.

This guy has decided to quit his job and go to New York City.
This cowbow is running from himself.

La mayoría de las veces es como esa escena de Singles cuando Steve le va a dar un beso a Janet y le dice "in an alternate universe, you and I would have made a scorching couple. In this one? Friends" (se lo contaría de no ser porque seguro no ha visto esa película, está cabrón que sepas de la existencia de una película que salió cuando tenías dos años).

Tengo que asumir las consecuencias y aceptar los hechos. Recordar, como Janet, que siempre he sido muy buena para romper mis relaciones y nunca mirar hacia atrás. Recordar la dignidad que hay en estar solo.

3 comentarios:

  1. Tengo mil millones de cosas pendientes. Yo sí sigo leyendo tu blog así que atiendo a tus disculpas. Lo único que puedo decirte, ahora, es que alguien tiene que hacer una película de esos momentos que guardas tan bien.
    Yo no puedo ni acordarme de lo que hice ayer.

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  2. y yo las extraño a las 2 :( a Marlenne la leía en su blog "El arbol ocre" y así fue como descubrí a rojo/mon. No saben como me hicieron hasta llorar por sentirme tan identificada con ustedes. Saludos a las 2

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  3. Aaagghhhh! Si lloré un poquito.

    Abrazo Mon!

    Att. Nin

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