(... y algunas aclaraciones innecesarias)
1. No, no me gusta esperar pero igual espero. No, tampoco es que esté obsesionada con Andrés Calamaro
-bueno, un poco si, pero no fue por eso- y que ya se me quemó a tal grado el cerebro que las únicas palabras que puedo usar son letras de canciones de Calamaro.
No. En el coche solo había dos discos: El Regreso y 12 Vivos, de los auténticos. El ruido de fondo le tocó a El Regreso, como si se tratara de ponerle nombre, o una definición.
Pero no fue un regreso. No era así. No iba por ahí. Fue más parecido a una aparición, o una alucinación fantástica, de esas dignas de hongo peyotero, espectaculares, porque cuando nos alcanza el mundo real es como si no existiera, porque son 2 y yo una y la suma da 3, el 3 es un número non, los números nones casi siempre apestan y ya estoy medio cansada de cosas que apestan.
2. No. No me gusta esperar pero igual espero. Quiero un tocadiscos. Quiero comprar discos y tocarlos en mi tocadiscos. Quiero tener un departamento que pueda llamar mío sin temer colgarme al día dos en la regadera por desesperación o soledad o neurosis o aburrimiento. Quiero dejar de esperar porque ya no hay nada que esperar. Quiero dejar de esperar porque necesito dejar de esperar. Quiero dejar de esperar para ver si con eso se me llena el corazón de otra cosa, lo que sea, pero que se llene de algo distinto.
3. No. No me gusta esperar, pero igual espero. Esperar hace que los minutos se vuelvan horas compuestas de segundos larguísimos, eternos. Esperar hace que se te nuble la cabeza y -entonces si- uses letras de canciones porque es lo único que te viene a la mente. Esperar provoca que no puedas trabajar, que quieras comer sin detenerte, que no hagas cuentas, que no saques dinero, que no te levantes a llenar tu bote de agua, que no atiendas llamadas, que no pongas el ipod, que no abras el periódico, que no especules por aviones y secretarios caídos, que la cruda no te pegue. Esperar hace que compres boletos de avión para Nueva York que no puedes usar y te mueras de coraje por-que-ya-te-quie-res-ir-y-no-pue-des-pu-ta-ma-dre. Esperar provoca que no le quites los ojos de encima a tu celular y cuentes los minutos que se vuelven horas compuestas de segundos larguísimos, eternos, que pasas esperando que se encienda esa luz roja.
Como si esperando realmente fuera a ocurrir.
4. No. No me gusta esperar, pero igual espero. No me queda de otra. O espero... o espero. Y todo mundo sabe que no tengo paciencia. Ni tantita. Pero espero, y espero y espero porque es uno de esos momentos en los que todo puede cambiar. Radicalmente. I need it so bad.
5. No, no me gusta esperar, pero igual espero porque tal vez aparezca y entonces pueda -por fin- escribirles lo bonito que ha sido esto de repente: cuando se encendieron las luces, apareció un impecable señor Calamaro con dos guitarristas, un bajista y mi impresión inmediata fue la de estar contemplando un ejercito en formación, o una coreografía en sincronía perfecta (porque quiero arreglar todo lo que hice mal, todo lo que escondí hasta de mi); o cuando cayeron los pendones esos con las fotos viejísimas de los de Fobia y tocaron pura canción que te recuerda a la tarde en la que todos éramos de 16 años y nos bañábamos en el patio de la UIC con leche en polvo sólo porque si, porque era fácil, no teníamos un pedo y se nos daba la gana, lluvia con veneno vil; cuando decidí que los Auténticos Decadentes es el grupo perfecto para tocar en mi boda hipotética y poco probable, a pesar de que el osito de peluche me sigue recordando que es suavecito como alfombra de piel y delicioso como el dulce de leche (que, por cierto, no me gusta pero acepto sabe rico); o cuando ayer todo fue baile, fiesta, chelas, cumpleaños de Loreto y los andamios del escenario eran increíbles y de colores, cuando entendí que seis años se pasan volando y que -por más que suenen hasta el cansancio en las cajuelas de los coches de cualquier estacionamiento de la UNAM- los Cadillacs suenan cabrón y se pueden dar el lujo -as jenesaispank said- de tener caprichos de fan. (Quiero ver amanecer, pero del otro lado ver amanecer, pero alguien se queda aqui para saber si yo sigo vivo).
Tal vez espero porque, al final, la música en vivo me convierte en un ser cursi que escribe cosas asquerosas del tipo "la música me despierta y me hace sentir viva, es el cachito suyo -de cada uno- que será mío siempre" y , en el fondo, me gusta que me recuerde tiempos, lluvias, momentos y palabras, por más que me duelan o las quiera desaparecer o simplemente olvidar.
No, no me gusta esperar pero igual espero. Siempre que termino de leer un post tuyo espero el siguiente.Saludos, bye.
ResponderEliminarNo sé por qué pero gracias a la lectura de tu entrada, hice varias llamadas pendientes (¿¿??), muchas gracias...
ResponderEliminarSe me escaparon dos lagrimitas... chiquitas, de esas que odias porque en ellas se te van todas las verdades.Puedo decir algo? Yo también quiero a los Decadentes para mi no.boda.Ay Mon!Ay Mon!!Ay Mon!!!Beso.
ResponderEliminarIgual que q, siempre que t´´ermino de ller espero el siguiente, y hoy en especial no se por que, pero se aparecieron una cuantas lagrimas que me hicieron recordar que, como dices aunque esperas, sabes que no llegará, pero al final...esperas!!!
ResponderEliminarPues yo no sé, pero nunca pensé que "Salga la luna" me fuera a afectar tanto. No es una canción que ponga en mi iPod o en mi estéreo. Pero qué cabrona es. Mi estado de ánimo cambiante no permite escuchar canciones así tan de pronto, sin aviso. Te quiero Mon.
ResponderEliminarCon posts como este no se pueden decir cosas inteligentes. Yo también espero... no sé que espero, pero espero...Un abrazo
ResponderEliminarAh! y me provocaste escuchar Patience y ya la escuché mil veces, y no me pongas el osito de peluche ese porque se me enchina la piel... y a ratitos ya te empiezo a extrañar me preocupa que te pueda perder... too late para mi mala suerte... Otro abrazo.
ResponderEliminar