Ciudad de Panamá. Septiembre de 2001. No era buena idea subirme a un avión cinco días después del 9/11 pero no tenía mucha opción. A rezar todo el vuelo que para eso estudiaste en escuela de monjas.
Pasé migración, recogí mi maleta, salí, encontré a Lupe, mi amiga, -"pasamos a la casa a que dejes tus cosas, te cambies y te peines, aunque con este clima no creo que puedas peinarte mucho que digamos, que tenemos un evento y ya vamos tarde"- me dijo a toda velocidad. Efectivamente, no pude hacer nada por mi pelo, el calor era insoportable.
Ya era de noche. Ni me acuerdo del trayecto, sólo me acuerdo que había mucho tráfico, me moría de calor, los vidrios del coche estaban empañados y llegamos a una de esas bases militares como los de San Diego. Se ve que pertenecía al ejército de Estados Unidos. Qué extraña locación para organizar la fiesta de bienvenida de un congreso atiborrado de estudiantes de Derecho veinteañeros. "Seguro esta vaina ya está terminando y no hay donde estacionarse", se quejó Lupe. El parabrisas estaba empañadísimo. De repente se frenó el coche "ay estos pendejos que caminan sin fijarse y yo que no veo un coño... ¿ves al de lentes que casi mato? no se cómo aguanta estar con traje a 40 grados ¿y sabes qué es lo peor? que ni siquiera se le arruga, parece recién salido de la tintorería... ".
Esa fue la primera vez que lo vi.
Valió madres. Lupe hablaba y hablaba. Yo como si me estuviera hablando la maestra de Charlie Brown. No lo podía dejar de ver.
Killer eyes. My killer eyes.
Ha sido así desde entonces.
El lunes me encontré un disco viejísimo que justo él me regaló, hace más de diez años. Es una selección rarísima: los Dandy Warhols, Sting, Billy Joel, Bonnie Tyler, Counting Crows, Juice Newton y esta canción:
Cuando lo conocí me dijo que estaba obsesionado con una película que se llama Streets of Fire. Yo, por hacerme la cool, obviamente le dije que también me encantaba cuando nunca la he visto. Por eso no me sorprendió cuando un tiempo después, en una mañana de tráfico infernal en la Cota Mil, cantábamos a gritos Total Eclipse of the Heart.
Total que toda la semana he estado escuchando sin parar la canción. Me encanta la parte de "Let the revels begin, let the fire be started, we're dancing for the restless and the broken-hearted". Creo que tengo algo con las canciones ochenteras en la onda Meat Loaf. Creo que es lo mismo que tengo con Soderbergh y sus películas. He visto cuatro veces Behind The Candelabra, bueno, a lo mejor es porque sale Matt Damon y Matt Damon me lo recuerda muchísimo. O solo es que me gusta el ritmo suavecito de Soderbergh. Who knows. Ya me desvié.
Hoy, casualmente, es su cumpleaños. Si fuera congruente tendría que confesar que es el amor de mi vida. Que es muy probable que no encuentre otro igual. Era la edad y los kilómetros y la intensidad. La certeza de que están hechos el uno para el otro. Hubo un tiempo en el que me pasé maldiciendo sin parar esa noche en Panamá. Esa noche y esa semana y los cinco minutos que pasaron entre que se despidió de mi, se salió del Benningan's y decidió regresar corriendo a plantarme un beso de los que resucitan a muertos y las idas a Caracas y su capacidad para decir justo lo que estoy esperando escuchar y escribir justo lo que necesito leer. Su habilidad para quitarme la respiración. Hoy, con esta perspectiva peculiar que te da la distancia y el transcurso de los años, lo único que siento es agradecimiento porque existió -y existe- alguien que me hizo reír y sonreír tanto y que le dio a una palabra tan simple como rojo un significado descomunal.
Puro agradecimiento de que tengo una historia tan chingona como esta.
Tonight is what it means to be young.
Before you know it it's gone.
:´(
ResponderEliminarDe piel chinita tu post. Abrazo Mon!
ResponderEliminarAtt. Nin
WOW! La vida son sus grandes historias de amor... aunque se acaben! Beso Mon!
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