Total que me tocó acompañar a uno de mis compañeritos México. Ir a Morelia para regresarse inmediatamente fue una madriza y cuidando a cinco niños se puso peor, más porque eran en verdad muy chiquitos, una niña de 9, una de 6, dos de 5 (gemelas) y uno de 3 (bendito entre las mujeres) y la neta es que valió la pena nada más de ver la cara de los niños cuando se dieron cuenta de que el avión estaba volando. Que cursi, ya lo se, pero nunca me había pasado y fue increíble.
Los niños en el aeropuerto con la trabajadora social encargada de su caso:
Al principio estaba medio aterrada. Cuando llegué a la casa hogar donde estaban los niños no sabía bien qué esperar. Las trabajadoras sociales nos decían que estaban muy emocionados por subirse en un avión y por conocer a los abuelos. Cada niño llevaba dos maletas, una para documentar y una de mano (mismas que tuvimos que cargar por todos los aeropuertos) y a mi me dieron una mochila con libros para colorear, crayolas, toallitas y pañales, porque Ángel, el más chiquito, usa todavía pañales. Escuché "pañales" y me asusté porque si se cambiar pañales pero tampoco soy la más experimentada, al final resultó que eran pull-ups y Ángel sabía perfecto avisar el ir al baño. Después de subir todas las maletas a la camioneta, salieron los niños a conocernos e inmediatamente nos abrazaron. Salieron super cariñosos y super abusados.
Mi primera conclusión es que admiro y respeto muy cabrón a los que se avientan más de dos hijos. Cinco son una locura: todos quieren comer al mismo tiempo, todos quieren correr, todos quieren ir al baño al mismo tiempo, todos tienen hambre y todos requieren de tu atención. Las azafatas se portaron a toda madre y la gente nos veía con cara de "estos gueyes sin tele con cinco hijos", fue muy cagado. Estuvimos horas en Dallas, lo chingón es que los aeropuertos grandes de este país, sobre todo los de Texas, son una mamada y obviamente hay un área de juegos enorme con caricaturas y piso amortiguado antigolpes y toda la cosa, así que no estuvo tan cabrón. Tampoco hubo gritos y sólo al final, después de 10 horas de viaje se pusieron insoportables, pero a esas alturas ya todos estábamos hasta la madre, ellos y nosotros.
Los niños en el aeropuerto de Dallas, killing time:
Mi segunda conclusión fue que uno debería intentar rodearse de niños más seguido porque si es cierto que ven las cosas desde una perspectiva muy particular y chingona. Son simples. Se divierten con cosas muy básicas.
Mi tercera conclusión fue que me sigue costando hacer esta clase de trabajo pero tengo que superarlo. No pude evitar preguntarme si estaba haciendo lo correcto. Uno se cuestiona si lo correcto es sacar a unos niños de Estados Unidos para llevarlos a México. Uno se cuestiona si lo correcto es dejar a unos niños en Estados Unidos donde la mamá no les da la atención adecuada. Uno se cuestiona si una abuela enferma y un abuelo ya grande podrán aventarse el paquete de cuidar a cinco chamacos que no hablan español. Uno se encariña y quiere volverlos a ver. Ayudarlos. Asegurarse de que van a estar bien. Y mi trabajo no es ese. Mi trabajo es cumplir con una orden judicial, hacer todo lo posible para que lleguen con su familia y ya.
Chale.
Unas fotos de las gemelas posando. La de la sudadera negra es Carmen (Carmelita, como le decía Angel) con su poni. Se la pasó pésimo porque estaba muy triste, luego se dio cuenta de que había dejado su muñeca en Salt Lake City y no paró de llorar hasta que le compramos un poni, con el que sale en la foto. Es con la que más me encariñé. Me regaló un dibujo que ya pegué en la oficina. La de rosa es Tannia. No se quitó sus lentes obscuros durante todo el viaje.







