Ayer me moría de cruda. Mal pedo. Desde el sábado de la semana pasada, que fui a la boda del Dandy en Isla Mujeres, estoy en la fiesta, tomándome todo lo que no había tomado en once meses. Era obvio que tenía que sentirme como costal pateado, con taquicardia y escalofríos, viendo la luz al final del túnel. Ayer me moría de cruda y me entero que el América está en la final. Hago cuentas. Caigo en cuentas. Se me hace un hoyo en el estómago. Taquicardia y escalofríos. De repente estoy otra vez a finales de mayo del 2012.
Impunidad e impotencia. Más impunidad que otra cosa.
Me rehuso a pensar que los once meses y los 3,220 kilómetros han sido en vano.
Debe ser la cruda.
Lo que pasa cuando el único significado que uno puede encontrarle al silencio es la indiferencia.
Claro. Es la cruda.
Si el América queda campeón, no regresaré a México nunca. O por lo menos no en seis meses.
